
Sería imposible hablar de la música de San Andrés, o del reggae de archipiélago sin mencionar, detenernos a reconocer y celebrar a uno de sus activistas más activos y emblemáticos: Justo Barrios Taytos (1962), mejor conocido en cada rincón de la tierra como Job Saas. Hablar de su andar exige, sin anestesia ni rodeos, hundir los pies desnudos en el lodo de su huerto.







Hay vivencias que uno no puede armar por más que se desmenuce el lenguaje. Uno se acerca a ellas cuando las ha sufrido en carne propia. Una catástrofe por un terremoto, incendio, huracán, deslizamiento, son algunas de las experiencias que sobrepasan el entendimiento.
Cada domingo nos encontramos con Jesucristo nuestro enamorado. Él viene a nuestro encuentro con una tarea muy especial, la de seducirnos pues quiere atrapar nuestro corazón no como un vampiro que chupa nuestra sangre y nos deja muertos, sino como un enamorado generoso que se entrega por nosotros.
En la película Ciudad de Dios hay una escena. Un grupo de niños, los de la llamada Caixa Baixa, se dedica a robar pequeños negocios dentro de la favela. El problema es que en la Cidade de Deus hay una regla: se puede delinquir, se puede vender droga, pero no se roba a la propia gente del barrio. Es una de las reglas que Zé Pequeno impone para mantener su poder. 












