Muchas veces se ha acusado al hombre de ciencia de un ateísmo del que preocupado por las cosas de la mente, no se interesa en contradecir. Desde que en la edad media se nubló la vista de la ciencia con los argumentos de la fe, los dichos y las supersticiones han remplazado -o por lo menos intentado- explicar los fenómenos que requieren razón y no magia.





Para nuestras islas, o para lo que nos quede de ellas después del fallo del Tribunal de La Haya, es muy necesaria una visión de futuro: clara, coherente, sostenible y sustentable. Es impostergable.
De las debilidades en materia ambiental de la Reserva de la Biosfera Seaflower, que menciona el informe de la Procuraduría General de la Nación de esta semana que acaba de pasar, la que más avergüenza es la carencia de un sistema de acueducto y alcantarillado con cobertura adecuada.
















