No sé que produce más indignación. Si el fallo de la Corte Internacional de Justicia que arrebató a los isleños aproximadamente cien mil kilómetros cuadrados del territorio colombiano de ultramar; el oportunismo siniestro de personajes que pretenden rentabilidad política de semejante desastre; el talante errático del gobierno nacional que permite inferir que el equipo negociador liderado por Londoño Paredes y Fernández de Soto, que no son abogados, le hubiera mentido u ocultado la verdad…







Nunca como ahora ha habido un momento tan propicio para potenciar la idea de la autonomía insular. Una aspiración que ha resultado tremendamente difícil de concretar por la ausencia de unidad y convencimiento de la gente, que ha preferido dejarle esa responsabilidad a un pequeño grupo de ciudadanos voluntarios que a su vez no han podido aglutinar el respaldo popular suficiente para sacarla adelante.














