Inquerible Sofía era inquerible, inquerible e increíble, eso le había dicho su abuela. Le dijo que su enorme cabeza había destrozado a su madre cuando la trajo al mundo, que era tan grande que la tuvieron que jalar de las orejas, y por eso las tenía así: picudas.





Voy a comenzar por citar un pasaje bíblico que me servirá para ilustrar la idea que quiero presentar a los lectores raizales y continentales, de mentes abiertas y amantes de la justicia: “Ningun siervo puede servir dos señores porque o aborrecerá al uno y amara al otro o estimará a uno y menospreciará al otro “ (Lucas 15:13).















