Ya había pasado por los psiquíatras y los psicólogos. En consenso llegaron a la nefasta conclusión de que no estaba loca. Pasó entonces a manos del más prestigioso de los neurólogos, un hombre canoso y de corbata hasta los domingos, con una muy pulcra presencia que hacia juego con sus lentes fracturados en la esquina derecha y enmendada con cinta adhesiva.





Nada hay más reconfortante que recorrer la geografía de Colombia. El país es bello en toda su extensión. Cada región tiene lo suyo y muy bueno. Pero el atraso social y económico cunde en muchas partes. En algunas de ellas pese a poseer excelente recurso humano. Como si la resignación forzosa hubiese arrasado con el espíritu inconforme que a diario construye la historia de la humanidad.
















