
Siempre se escribe sobre quienes bailan, desfilan o brillan en las fiestas. Sobre el disfrazado audaz, la comparsa ruidosa, la reina efímera del carnaval. Pero casi nunca reparamos en un personaje silencioso y persistente, cuya presencia hace posible el espectáculo mismo:
Opinión







No fue en los libros donde entendí la disonancia cognitiva, sino en la incomodidad. En ese gesto breve que aparece cuando alguien escucha una explicación razonable y, aun así, decide no aceptarla. Leon Festinger la nombró en 1957: el conflicto interno que surge cuando lo que creemos choca con lo que hacemos.
¿Para qué experiencias no encontramos palabras? ¿Cómo apalabramos el malestar, las angustias, los miedos, lo cíclico de la vida y la muerte? En ocasiones solo precisamos de tiempo para tramitar y organizar, antes de decir lo que realmente nos pasa.












