Desde pequeña he escuchado el dicho popular que dice “lo malo de la rosca es no estar en ella” y con eso se ha construido sociedad a lo largo y ancho del mundo que se denominan por altos índices de crueldad. Estar en la rosca es creer que algunas personas tienen privilegios por encima de los derechos a los que todo ser humano por su condición debería disfrutar.
Opinión







Nos encontramos en este segundo domingo de Cuaresma con la experiencia inolvidable de la transfiguración del Señor, en la que Jesús nos invita a movernos desde lo alto de la montaña hasta los recovecos más bajos del mundo.
La estupidez —stultitia, en la sobriedad del latín— rara vez se presenta como ignorancia evidente. No es necesariamente falta de inteligencia. Puede habitar, con inquietante naturalidad, en personas formadas, lúcidas, incluso analíticas.












