El sábado santo es un día muy especial para trabajar el corazón que es la fuente de los sentimientos; pero no se trata solo de permitirnos sentimentalismos superficiales y pasajeros. La invitación que la Iglesia nos hace es a descubrir y vivir desde el corazón el sentido del sábado santo profundizando espiritualmente dos sentimientos. Primero, el silencio orante, y segundo la alegría desbordante.
El silencio orante que brota de la contemplación de Jesús que yace en su tumba. El prototipo de este silencio orante lo encontramos en la Madre de Dios. Lo que los discípulos habían olvidado, María lo conserva en el corazón. Jesús había proclamado la profecía de la resurrección al tercer día, y eso resuena en el corazón de la Virgen. Pero los apóstoles creen que todo acabó. Nosotros, como María esperamos orando hasta el tercer día. Ojalá que dediquemos algunos espacios para la reflexión en el misterio de Jesús, en su palabra y que confrontemos nuestra vida con la vida de Jesús. Es un día de oración y de espera al Jesús Resucitado
El segundo sentimiento es la alegría desbordante, y este surge del hecho de que se ha cumplido la profecía de Jesús, que resucitaría al tercer día. Este es el acontecimiento que parte la historia en dos; antes de Cristo, cuando el pecado y la muerte eran enemigos invencibles, y después de Cristo, cuando la gracia y la vida son las que reinan; ese es el fruto de la Resurrección del Señor Jesucristo, así Cristo venció al pecado y a la muerte.
La solemne Vigilia Pascual, reina de todas las vigilias que celebra la Iglesia, es muy rica en signos, pero voy a destacar cuatro para mostrar la grandeza del misterio que celebramos. El primer signo es la luz. Recordemos que con la muerte de Jesús todo se oscureció. De hecho, la Vigilia comienza entrada la noche y termina con las primeras luces del alba. Comienza la Vigilia Pascual con la bendición del fuego nuevo, que se enciende en medio de la oscuridad de la noche. De ese fuego se enciende la luz del Cirio Pascual, el signo que va a dominar toda la Pascua. Es signo de que Jesús es la luz del mundo, que sigue vivo, por eso se marca con al año 2026, porque Cristo es el mismo ayer, hoy y siempre.
Es realmente hermoso ver como la luz del cirio, va iluminando cada vez más al pueblo que camina hacia el templo. Así es Cristo vivo, debe iluminar el mundo. No dejemos de escuchar y meditar con cuidado el pregón pascual, ese anuncio gozoso de Cristo resucitado y representado en el Cirio. Muy diciente es que las familias lleven su pascualito que, así como el otro ilumina y acompaña a la Iglesia en todas sus celebraciones pascuales, este, acompañe a la familia y se convierte en signo en torno al cual el hogar ora y celebra su vida cotidiana.
El segundo signo es la Palabra. La Vigilia Pascual es muy rica en Palabra. Las lecturas del Antiguo Testamento, todas van narrando las maravillas que Dios ha hecho para salvar a Israel, su pueblo. Y las lecturas del Nuevo Testamento destacan las maravillas que ha realizado Dios en la persona de su hijo Jesús para salvar su nuevo pueblo, el nuevo Israel, la Iglesia entera, destacando especialmente el misterio de la pasión, muerte y resurrección. Nosotros que somos herederos de todas las promesas divinas, igualmente somos responsables de una tarea sin igual, permitir que Dios lleve a plenitud en nosotros toda la historia de la salvación.
El tercer signo es el agua. En La Vigilia Pascual se bendice el agua y luego se derrama sobre los participantes como signo de que hemos renovado las promesas bautismales; es signo de nuestra renovación interior, es signo del frescor que debe tener nuestra dignidad de hijos de Dios, es signo de la limpieza que debe adornar nuestra alma. Así como el pueblo atravesó con vida las aguas del mar rojo, nosotros atravesamos con vida el mar del pecado y recuperamos la gracia: así como Cristo resucita de la muerte, nosotros resucitamos con él.
El cuarto signo es el pan eucarístico. El jueves santo, después de la última cena, el altar fue despojado y no se volvió a celebrar los misterios de la Eucaristía; es en la Vigilia Pascual donde el altar nuevamente adornado congrega a la comunidad creyente para celebrar con la cena Eucarística la resurrección del Señor. Nunca olvidemos que los grandes misterios de la fe se celebran en torno al altar, comiendo el Cuerpo y la Sangre de Cristo, que nos alienta para afrontar la vida con sus desafíos y sus trampas. Que esta Vigilia Pascual sea la oportunidad para agradecer sinceramente a Cristo su sacrificio y su resurrección.
Felices Pascuas. No es un saludo de protocolo, es un saludo de fe, desde la convicción de que Cristo resucitó y camina a nuestro lado. Por eso estamos felices, por eso continuamos con el entusiasmo de la fe en Jesús vivo, nuestras responsabilidades familiares y sociales, seguros de que si vivimos y morimos con Cristo, resucitaremos con él para la vida eterna.





















