Home Opinión Columnas El purgatorio
  • Increase font size
  • Default font size
  • Decrease font size
Search

elisleño.com - El diario de San Andrés y Providencia.

JA slide show
 

Banner aniversario 24 años 1

BannerCRbaja

El purgatorio

Correo Imprimir PDF

Edna Rueda Abrahams 2025 COLUMNALa mujer se descubrió muerta sin dramatismo. No hubo espanto ni ruptura, ningún sobresalto que marcara el final. Simplemente lo supo, con la misma certeza tranquila con la que se reconoce que algo ha dejado de doler. Estaba suspendida en un espacio sin coordenadas, un escenario indeterminado donde no existía ni el arriba ni el abajo, ni la luz agresiva ni la sombra amenazante.

No sentía calor ni frío. Tampoco miedo, ni ira. Sobre su piel se extendía una sensación constante de roce gentil, como si el mundo mismo la tocara con extremo cuidado.

Su cuerpo no pedía nada. No había cansancio, ni hambre, ni sueño. Aquella maquinaria de volverlo todo una urgencia había quedado atrás. Permanecía entera, sin fisuras, sostenida por una quietud que no exigía atención. El tiempo no se manifestaba: no avanzaba ni retrocedía, no se podía medir ni esperar. La mujer estaba allí sin saber cuánto llevaba ni cuánto faltaba, si es que esas palabras tenían sentido.

Desde esa calma comenzó a preguntarse, sin angustia, si aquel estado podía llamarse purgatorio. No como castigo, sino como una pausa extensa, casi misericordiosa. Se interrogó sobre la naturaleza de estar atrapada en un lugar sin enemigos ni afectos, sin penas ni alegrías. La ausencia de dolor era tan absoluta que rozaba lo neutro, y lo neutro, pensó, podía ser una forma silenciosa de desgaste.

La rodeaba una sensación tibia, espesa, como una linfa cálida que la contenía sin esfuerzo. El observador podría haber dicho que parecía flotar dentro de un líquido amniótico invisible, sostenida en un estado previo a toda decisión. Era un encierro sin paredes, una antesala donde nada empujaba y nada retenía. Un útero sin madre reconocible.

Allí surgió otra pregunta, lenta y persistente: ¿permanecer en ese equilibrio era un premio o una condena? ¿Renunciar al cambio podía considerarse un logro, o era apenas una forma delicada de deterioro? La quietud no dolía, pero tampoco prometía. No había promesa de nacimiento, pero tampoco amenaza de expulsión.

La maternidad apareció como idea, no como imagen: la de ser alojada, protegida, exenta de toda fricción. Un estado donde todo es posibilidad, pero nada ocurre. El equilibrio absoluto la sostenía con tanta precisión que empezaba a parecerle sospechoso. ¿Cuánto tiempo pasaría —si el tiempo aún tenía permiso de existir— antes de que esa armonía la aturdiera?

No había angustia en sus preguntas. Solo una lucidez suave, casi clínica. Tal vez ese lugar no fuera un destino, sino un umbral. Un espacio intermedio donde la calma, llevada al extremo, podría convertirse en una forma refinada de ausencia. El observador, si pudiera intervenir, diría que incluso la paz, cuando no se transforma, corre el riesgo de olvidar para qué fue creada.

------------------

Este artículo obedece a la opinión del columnista. EL ISLEÑO no responde por los puntos de vista que allí se expresan.  

 

 

Welcome Caribe

PORTADA 226

EL ISLEÑO 229

WELCOME BANNER LATERAL DECAMERON DICIMEBRE

Indicadores Economicos

Translate this page

Síganos en Facebook

Descarga Firefox


BANNER CASABLANCA.CUADRADO BAJO PESO

EPIC

pauta periodico aguardiente 1 1 1 optimized

WhatsApp_Image_2024-06-06_at_7.32.39_AM.jpeg

DoIt.jpg

SOPESA.BANNER.NUEVO01.jpeg

GESA NIFF02