
El instructor y profesional del buceo, fotógrafo submarino, productor audiovisual y columnista habitual de esta Casa Editorial, entre otros oficios, Jorge Sánchez Berrío, falleció este 27 de noviembre víctima de un infarto fulminante en el Hospital Departamental de San Andrés.
Su escrito terminal, titulado: ‘Con solo dos letras’, fue recibido en el correo electrónico de esta sala de redacción el día de su muerte a las 09:46 a.m. Fue su último adiós, un mensaje póstumo en forma de columna de opinión. Y así como se despidió de su editor, lo hizo con todos, a su manera.
Así era el ‘flaco’ –como lo llamábamos afablemente–, devoto de la cortesía y los buenos modales, respetuoso de la autoridad, pero eso sí, contundente en la crítica cuando de señalarla se trataba con la potestad que le confería su trayectoria de luchador e inspirador ambiental.
Con su partida, el Archipiélago pierde a uno de sus más perseverantes guardianes de la biodiversidad, un hombre que hizo del mar su casa y de la defensa del entorno su causa vital. Su obra queda como faro para quienes entienden la protección ambiental como un compromiso urgente y cotidiano.
Jorge Sánchez se va, sí, pero el eco de su voz –esa que siempre reclamó responsabilidad y amor por estas islas– seguirá presente cada vez que alguien, cámara o careta en mano, decida mirar con respeto el mundo submarino que tanto amó.
Su ausencia obliga a detenernos un momento y pensar en lo frágil que es aquello que damos por sentado: la vida, el mar, las voces que nos recuerdan cuidarlo. Sánchez dedicó la suya a defender lo que otros apenas miran, y en ese gesto dejó una invitación que hoy pesa con radiante claridad.
Tal vez el mejor homenaje no sea la nostalgia, sino la acción: asumir que cada decisión sobre estas islas deja una huella y cada omisión también. Jorge Sánchez partió, pero el desafío que encarnó sigue aquí, anhelado que los que nos quedamos tengamos el valor y la decisión para continuarlo.





















