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Oakley Forbes Bryan: el verbo que sembró raíces permanentes

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Oakley Forbes Bryan

El lenguaje no es solo comunicación: es memoria, es identidad, es un baluarte inexpugnable para cada pueblo. Oakley Forbes Bryan entendió esto desde siempre y dedicó su vida a preservar y fortalecer la lengua raizal, convirtiéndose en una de las figuras más influyentes en la defensa cultural del archipiélago. 

Forbes Bryan, nacido el 26 de agosto de 1947, no vino a enseñar desde la distancia, sino a sembrar desde la entraña. Su vida fue una travesía entre las islas y tierra firme, entre el aula y la cotidianidad, entre el inglés académico y el creole que se musita en las cocinas y se grita en las calles.

Fue un académico comprometido con la educación y la lingüística. Su trabajo como profesor en la Universidad del Quindío lo llevó a formar generaciones de estudiantes, pero su verdadera lucha estaba en San Andrés, donde promovió la preservación de la lengua creole y la identidad raizal.

Su corazón nunca dejó de latir al ritmo del archipiélago. Pero desde su residencia en Armenia, tejió puentes entre el saber institucional y la sabiduría ancestral. Fue presidente del sindicato de profesores, defensor de la autonomía universitaria y voz firme en los días posteriores al terremoto del eje cafetero de 1999. Su liderazgo no era decorativo: era acción.

Al regresar a San Andrés a principio del nuevo milenio, encontró una isla herida. El territorio raizal había sido fragmentado, la lengua criolla relegada, y la memoria colectiva amenazada por el turismo voraz y la indiferencia estatal. Pero él no se resignó. Se convirtió en un faro incómodo, un ‘raizal radical’ que incomodaba a los poderes, pero que iluminaba a los suyos.

Ayudó en la construcción del núcleo de su lengua materna llegando a expresar su significado fundamental. Rompiendo las barreras que limitaban su uso. Siendo abanderado en el camino para lograr su universalidad. Sus palabras habladas o escritas sonaban al mejor calipso y reggae del Caribe. Con ese ritmo que te alegra el alma y te pone a bailar sin cesar.

Búsqueda insaciable

Conjugando pasión, sabiduría, asertividad, resiliencia y profesionalismo, para dejarnos una enseñanza difícil de olvidar. Siempre en la búsqueda de la ruta correcta para llevar a empoderar a los adultos como a los jóvenes por la valiosísima cultura del pueblo étnico raizal.

Su lucha por el creole no fue romántica, fue política. Participó en encuentros de lenguas criollas, impulsó la estandarización de su escritura, y denunció la discriminación lingüística que aún persiste. Para él, hablar creole no era un acto folclórico, era un acto de soberanía. En sus clases, en sus escritos, en sus traducciones, el idioma se volvía una caja de resonancia, se volvía machete, se volvía abrazo.

Tradujo el libro de poemas Naked Skin de Juan Ramírez Dawkins, pero también se tradujo a sí mismo. Su poesía inédita, escrita en varias lenguas, revela un alma que no cabía en un solo idioma. Además de publicar artículos propios, fue un lector incansable. Entendía que la traducción no es solo técnica: es reespacialización, es reexistencia. En cada verso, en cada adaptación, se jugaba la dignidad de un pueblo.

Su activismo no se limitó a la lengua. Denunció la pérdida de tierras, la exclusión laboral, la invisibilización de los raizales. Señaló con claridad los carteles que expropiaban, los cementerios profanados, los árboles talados. Y lo hizo sin miedo. Lo insultaron, lo siguieron, lo amenazaron. Pero él no se movió.

En sus últimos años, Forbes Bryan no se retiró: se replegó para observar, para escribir, para sembrar. Sus hijas Henrietta y Jewell heredaron no solo su sangre, sino su ética. Hoy, ellas continúan la tarea de proteger el idioma, de activar la memoria, de mantener viva la llama que su padre encendió. No como monumento, sino como movimiento.

El 27 de marzo de 2016 partió de este mundo. Pero no se fue. Su voz sigue resonando en cada niño que aprende creole, en cada joven que se pregunta por su identidad, en cada adulto que decide no olvidar. Su legado no está en los libros, está en las bocas, en la palabra, en la identidad que ayudó a fortalecer y engrandecer. En las personas que se atreven a hablar como sus abuelos, como sus ancestros, como él.

Oakley Forbes Bryan no fue un héroe de bronce. Fue verbo vivo, fue sustantivo que nombra lo que otros callan. Fue raíz que se niega a morir. Y en esta semblanza, más que recordarlo, lo convocamos. Porque hay nombres que no se escriben en lápida, sino en lengua. Y el suyo, ya es parte del idioma.

Última actualización ( Martes, 05 de Agosto de 2025 17:31 )  

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