
Evocar con realce las fechas que marcaron hitos en la historia es siempre un acto de generosa justicia y gratitud. La celebración del evento Emancipation Week por cuenta del Pueblo Raizal de las islas en su edición 25, es un claro ejemplo de lo enunciado: se rinde culto y honor a la fecha en que –nada más y nada menos– se rompieron las cadenas de la esclavitud.
Es gracias a estos eventos históricos protagonizados por almas visionarias, que hoy podemos gozar de normas y leyes, incompletas o imperfectas, tal vez; pero impulsadas y desarrolladas al vaivén de la inexorable rueda de la historia que traza y sigue trazando senderos de libertad a pesar de los igualmente inagotables obstáculos que la humanidad se pone a sí misma.
Es por este permanente desafío que implica persuadir a propios y extraños del valor inconmensurable de la libertad que alcanza más valor del que en sí mismo atesora su memoria radiante. Lúcida y lucida, plena de anécdotas y leyendas, de juegos y rondas infantiles, de narrativa palpitante y de sentidos cantares que reivindican a una raza sin hollín.
Gestas de antaño traídas a colación con muchos más motivos que un simple festejo. Ejercicios multidisciplinarios que refrescan una a una las tradiciones que los forjaron y una acción vital para jamás olvidar el costo que tuvieron las cosas buenas que hoy disfrutamos con naturalidad. Como la libertad y la educación, entre otros tantos derechos conquistados.
De manera que venga ese caluroso aplauso a todos sus gestores: los de ayer, hoy y mañana. Este es, sin lugar a dudas, el magno evento de las raíces isleñas que conmemora la gesta liberadora de los esclavizados el primero de agosto de 1834. Larga vida al pueblo del archipiélago: soplemos todos los caracoles imaginarios por Emancipation Week.





















