Poca gente conoce esta historia: algunos días después del diluvio, Dios empezó un proyecto secreto, diseñó un nuevo paraíso, escogió una región fuera del alcance de las influencias de historias anteriores, le dio una forma caprichosa y se puso feliz al dibujar el nuevo edén.
Comentaba a sus arcángeles, que pondría todos los colores que existían en el universo a disposición de su boceto, pinto por ejemplo la arena de un pálido rosa, esculpió una barrera de coral para proteger a sus habitantes, ordenó a los vientos ser benevolentes, puso en sus suelos cítricos y cocoteros, algodón y tubérculos.
Propuso a las aves visitar la isla y a los tiburones y los delfines que hicieran una tregua cuando estuvieran en sus terrenos. En una gama de azules y verdes dibujó con ondas plagadas de blanco, el mar y las olas.
Cuando Gabriel, el ángel que conocía mejor el proyecto le preguntó por quienes habitarían este edén, Dios le aseguró que pondría religiones distintas codo a codo, razas de todos los colores, ojos claros y oscuros para que se miraran por siglos.
Tendrían momentos de furia y de calma, pero sus espíritus hechos de ángeles, caminarían de la mano para callar la violencia con vestiduras blancas. De todas las naciones vendrán gentes para embelesarse con esta maravilla: Seria una la flor del mar.
Pero como siempre, el proyecto llegó a oídos de Satán, y presto pidió audiencia con todopoderoso. Como a otro de sus hijos accedió a oírle.
El demonio objetó el nuevo paraíso. “si haces esto, como en la primera vez, habrás de darme un lugar… habría que tener por lo menos un aguijón, que probara que los hombres y las mujeres que escogiste son dignos de tu renovado amor…”
Por unas décadas meditó Dios la propuesta del maligno, y en una segunda visita le pidió que propusiera una solución justa, “les tentaré”- dijo el rojo. A lo que con una sonrisa casi cariñosa, Dios le contestó: “¿Entrarás de nuevo, ofreciendo una manzana y hablando como víbora?, nada podrás ofrecerles que no les diera yo ya, mis hijos crecen en sabiduría”.
A lo que Diablo replicó: “No, no será esta vez el conocimiento de su desnudez, no entraré ofreciendo aquello que les es evidente, plagaré el subsuelo de un material corrosivo pero costoso… veremos si venden tu regalo por un precio alto, en cuanto a la forma que tomaré para entregar mi oferta. Será la habitual: Iré como político…”
Por Edna Rueda Abrahams






















