Los isleños que tengan pensado viajar por estos días al continente, deben prepararse para enfrentar el invierno más terrible que hayamos visto en los últimos años. No escampa nunca, les cuento. Desde que amanece hasta que anochece, es un solo llueve que llueve.
Y tienen que venir cargados de toneladas de paciencia y estoicismo para poder sobrellevar tan desmedida forma de llover. La Semana Santa, que está por concluir, estuvo signada por los aguaceros constantes y no se constituyó en la ocasión anhelada por los feligreses católicos para visitar los monumentos y lugares sagrados según la tradición. Incluso, las iglesias no lograron llenarse por completo.
En Bogotá, Cali, y Medellín, por ejemplo, las estresantes congestiones de tráfico vehicular han empeorado. Los taxis se tardan más tiempo en acudir al llamado de los usuarios. Los autobuses, ya sean del sistema antiguo o los modernos articulados, se han vuelto más lentos y receptáculos de trapos mojados. No hay ruta que se pueda hacer sin sentir el agua tintinando sobre los techos de estos automotores y sobre uno mismo cuando le toca bajarse.
Y si se atreve a caminar más de la cuenta, corre el riesgo de ser lavado con agua sucia de los charcos que sacuden los carros conducidos por personas imprudentes. Hasta el servicio de energía eléctrica, uno de los más constantes, está siendo afectado por esta ola invernal pues las interrupciones del mismo se han vuelto más frecuentes y duran más de lo previsto.
Para completar, no hay posibilidad de ir a los parques de recreación porque están tan encharcados todo el tiempo que ni las aves se atreven a poner sus patas en el suelo. En fin, quienes tengan que viajar a estas ciudades les convendría hacerlo con una amplia disposición de someterse a duras pruebas de resistencia y entereza pues los trastornos que está produciendo tanta lluvia sin descanso no son fáciles de tolerar.
O, si se le hace posible, postergar sus compromisos para cuando haya un mejor clima. No sea que le toque pasarla como Isabel viendo llover en Macondo, la protagonista del estupendo relato del mismo nombre de nuestro Nobel, Gabriel García Márquez.
Por Nadim Marmolejo Sevilla
COLETILLA: “La felicidad es el resultado del ejercicio de la razón”
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