Asegura el arqueólogo estadounidense Richard D. Hansen, quien participa por estos días en el III Congreso Internacional de la Cultura Maya que reúne a más de 200 especialistas en Mérida, capital del estado mexicano de Yucatán, que la civilización Maya, tanto en las ciudades del preclásico como del clásico, se debió a la depredación ambiental por la "excesiva” tala, desforestación y daños al sistema agrícola.
"Se trató de un colapso y no de un abandono, porque el segundo es temporal; en tanto que el primero representa un abandono a largo plazo y la destrucción del sistema social y económico que mantiene a un Estado, lo que ocurrió en dicha región", indicó el experto que llegó a esta demoledora conclusión luego de 30 años de estudio en la cuenca, durante los cuales recolectó evidencias arqueológicas, como polen, isótopos, cerámica y lítica, que le han permitido comprobar la agresión ambiental.
Estas aseveraciones se constituyen en una portentosa voz de alarma para el mundo actual, que se suma a las que otros científicos e instituciones defensoras del medio ambiente han lanzado desde diferentes ángulos de la tierra a causa de la destrucción que diario le produce al planeta el llamado “desarrollo”.
El consumo exagerado de los recursos naturales es una de las razones del calentamiento global, cuyas consecuencias vemos cada vez con más asiduidad en todos los puntos cardinales. Pero ni el último tsunami en Japón, ni el terremoto de Chile, ni el desastre en Nueva Orleans a causa del huracán Katrina, entre otros fenómenos naturales, parecen haber logrado concientizar realmente a la gente (en especial la clase pudiente) acerca de que la irreflexión al respecto nos está llevando al suicidio colectivo.
Por tanto, la defensa del entorno natural, la lucha contra quienes amenazan con vulnerar el ecosistema, el control de la pesca ilegal, la sobrepoblación, la sobrexplotación acuífera, deben adquirir de ahora en adelante una mayor relevancia en la conciencia de los habitantes del archipiélago pues estos hallazgos científicos nos indican que los riesgos de desastres en el futuro se agrandarían frente a las posibilidades de progreso económico y social que nos ofrecen nuestros gobernantes y empresarios con sus megaproyectos como el de la explotación de petróleo en ciernes.
No es muy difícil advertir que esa es la suerte que nos espera si seguimos el mismo rumbo. No hay que dejar que los gobiernos, los cuales casi nunca obran realmente según las buenas intenciones que anuncian públicamente pues sus verdaderos intereses suelen ponerlos debajo de la mesa, profanen la voluntad popular. Un mal cálculo humano en esta materia puede dar al traste con la existencia misma de las islas.
No quisiéramos que las generaciones venideras tuvieran que enterarse, como ahora lo hacemos nosotros, que no pudimos detener el desastre anunciado; y mucho menos que sepan y hagan saber que fue por los intereses más mezquinos que haya podido forjar e incentivar el ser humano.
(Por: Nadim Marmolejo Sevilla)
COLETILLA. “El pobre se arruina en el momento en que deja de ser sobrio”
Concepción Arenas






















