Todos los días eran iguales. Al entrar a casa, encontraba sobre la mesa de algarrobo al costado del pasillo la correspondencia ordenada: cuentas, subscripciones, promociones y personal. Se deslizaba con cuidado para salir del saco del traje sin dañar el satín que lo forraba, y que no toleraría un remiendo más, lo colgaba en el perchero a la derecha de la puerta.
Opinión







No es posible la vida sin agua, y de su cantidad y calidad depende la supervivencia humana en cualquier circunstancia, más aún para las islas de Providencia y Santa Catalina que pretendemos sean para el disfrute sostenible de propios y visitantes. 














