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elisleño.com - El diario de San Andrés y Providencia.

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Columnas

Las mujeres de Ana

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EDNA.RUEDA02ENBEl golpe la levantó seis centímetros del suelo, como si el odio de Joaquín tuviera garras invisibles que la halaban hacia el techo. Fue un gancho recto, seco y definitivo, que le quebró el silencio de la mandíbula. Ana cayó de lado, el cachete contra el piso, y desde ahí vio cómo sus lágrimas y su sangre se juntaban en un charco espeso, oscuro, casi vivo.

Última actualización ( Sábado, 08 de Marzo de 2025 10:15 ) Leer más...
 

“La mejor playa de Suramérica, pero… ¿Para quién?”

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Puede ser una imagen en blanco y negro de 1 persona y barba

San Andrés ha sido reconocida nuevamente como la mejor playa de Suramérica en los World Travel Awards 2024, consolidando su posición como uno de los destinos turísticos más importantes de la región. Este reconocimiento no solo resalta su belleza natural, sino que también reabre el debate sobre la estructura económica del turismo en la isla y la necesidad de una legislación que garantice que los beneficios de esta industria permanezcan en manos de quienes realmente han apostado su vida y su capital en este territorio.

Última actualización ( Martes, 04 de Marzo de 2025 12:07 ) Leer más...
 

Una cuestión de fe

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Puede ser una imagen en blanco y negro de 1 persona y anteojosEntré a la iglesia, la vergüenza me paralizaba, la condena impuesta por el tribunal de mi alma, me había mantenido en un letargo sombrío y aplastante. No era fácil avanzar, apenas logré pasar del último, al penúltimo banquillo._El aire olía a madera vieja, el sonido del coro reverberaba en las paredes, dándole una sensación de eternidad a ese instante.

Última actualización ( Domingo, 02 de Marzo de 2025 06:52 ) Leer más...
 

Hera, la perrita que alguien oculta hace una semana

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Puede ser una imagen de perroNo ha dejado de perturbarme la ausencia de cualquier rastro que nos lleve a Hera, la perrita que se perdió hace ocho días de su casa y que, pese a todos los intentos, no ha sido encontrada ni devuelta a su familia._¿Por qué no la devuelven?

Última actualización ( Domingo, 02 de Marzo de 2025 09:14 ) Leer más...
 

Obeah

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Tatiana.Howard.Regifo

Contra la pared terminó reventado el muñeco que mi hermana encontró mientras jugaba al pie del_gully. Lo escarbó, lo limpió y se lo llevó a casa, aunque notó que sus facciones no albergaban ternura, sino malicia. Más tarde entendí que se trataba de un fetiche, de los que se siembran en el land de la víctima, al pie de su ventana.

Última actualización ( Domingo, 02 de Marzo de 2025 05:24 ) Leer más...
 

Guiar a los demás

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SANABRIA.OBISPOApenas en los albores de la humanidad, cuando los seres humanos comenzaban a caminar juntos, el uno al lado del otro, ya se suscitan graves diferencias, a tal punto que Caín decide matar a su hermano Abel. Entonces el Señor dijo a Caín: ¿Dónde está tu hermano Abel? Y él respondió: No sé. ¿Soy yo acaso guardián de mi hermano?” (Gn 4, 9).

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El futuro de Cartagena

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EDUARDO.GARCIA.MARTINEZ.NUEVA

“Los cartageneros tienen el derecho y la obligación de romper el hechizo de la mediocridad que les impusieron sus líderes, de revelarse contra la medianía…”.

El porvenir de Cartagena no depende del azar. No es la casualidad lo que definirá su suerte sino, por el contrario, un proceso de causalidad, de causa efecto.

Última actualización ( Sábado, 01 de Marzo de 2025 09:38 ) Leer más...
 

Comejenes de Troya

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EDNA.RUEDA02ENBEliseo París llegó un jueves en la tarde, con el camión de cervezas empolvado por el viento seco y la misma sonrisa heredada de sus abuelos: esa que en otros tiempos servía para vender pescado podrido como si fuera fresco.Venía a negociar con el Señor Menelao, dueño del almacén que abastecía al pueblo entero.

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Comejenes de Troya

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EDNA.RUEDA02ENBEliseo París llegó un jueves en la tarde, con el camión de cervezas empolvado por el viento seco y la misma sonrisa heredada de sus abuelos: esa que en otros tiempos servía para vender pescado podrido como si fuera fresco. Venía a negociar con el Señor Menelao, dueño del almacén que abastecía al pueblo entero.


Un hombre que guardaba su dinero doblado en cuatro dentro de un zapato y su paciencia la tenía medida por gramos. Se saludaron en la puerta, sellaron el trato con un choque de botellas y se midieron, como hacen los hombres que se reconocen rivales antes de saber por qué.

Pero el verdadero acuerdo no quedó escrito en facturas, sino en el aire caliente que vibró cuando los ojos de Eliseo y Helena, la mujer de Menelao, se encontraron sin querer. Helena, la que olía a jabón azul y le hablaba al pan antes de hornearlo, vio en Eliseo una grieta por donde podía escaparse. Él, que nunca había pensado en raíces, entendió de golpe que en esa casa había algo suyo, aunque no supiera qué.

Desde ese día, Eliseo se volvió cliente habitual, aunque llegara con las manos vacías y se fuera igual. Al principio eran saludos largos y conversaciones sobre el precio de la gasolina o las lluvias que no llegaban. Después, cuando ya no había excusas, se sentaban bajo el tamarindo a compartir silencios. Una noche, Helena dejó la reja sin tranca, y Eliseo entró sin tocar. Desde entonces, nunca más salió del todo.

Cuando el señor Menelao supo, no armó escándalo. Se quedó en medio de la tienda, entre el estante de las galletas y los sacos de arroz, viendo el hueco que había dejado su mujer, como si en vez de ella le hubieran robado una pared. Pero el silencio de un hombre traicionado no es paz, es marea baja antes de la tormenta.

El pueblo se despertó dividido. La mitad defendía a Helena y juraba que ninguna mujer es propiedad de nadie. El amor es un ave sin jaula, decían, y los hombres que no entienden eso terminan solos y con los bolsillos llenos de viento. La otra mitad se cuadró del lado del Señor Menelao, con discursos de honra y respeto, repitiendo que nadie tiene derecho a meter las manos en la masa ajena. La plaza, que era corazón y lengua del pueblo, amaneció convertida en campo de batalla sin tiros, pero con palabras que apuñalaban.

El Señor Menelao, que había aprendido de la vida que las peleas largas no las ganan los que más gritan, sino los que saben esperar, preparó su venganza sin testigos. Mandó una carreta por todo el pueblo, cargada de muebles que parecían sacados de una casa rica: sillas con respaldo alto, mesas brillantes como espejo, armarios con olor a monte recién cortado. Decían que era un gesto de reconciliación, un intento torpe de pedir disculpas sin abrir la boca.

Las casas del bando de Eliseo recibieron cada mueble como quien recibe una herencia. En el corazón de cada pata, entre los costados de cada gaveta, dormía un ejército de comejenes, criados en oscuridad y hambre, entrenados para devorar hasta el aire que los rodeaba.

Las noches siguientes, las casas empezaron a sonar. Un crujido suave, como hueso de animal pequeño quebrándose en la sombra. Al amanecer, las tablas tenían costras de polvo fino, y las vigas se partían con la misma facilidad de una galleta vieja. En menos de un mes, la mitad de las casas quedó convertida en un campo de escombros, y el pueblo entero olía a madera muerta.

Helena y Eliseo, que para entonces ya vivían en las afueras, empacaron lo poco que quedaba y desaparecieron antes del canto del primer gallo. Se fueron sin despedirse, como quien apaga una vela y cierra la puerta.

Tiempo después, el Señor Menelao reabrió la tienda, pero ya no vendía víveres. Ahora despachaba clavos, martillos, láminas de zinc y tablas que prometían no conocer comején. El almacén sobrevivió, pero el pueblo nunca volvió a ser el mismo.

Y aunque los comejenes ya no se ven, hay quienes aseguran que todavía, si uno se queda en silencio absoluto, puede oír su rumor mínimo, como si la tierra les guardara memoria. Porque las guerras de amor dejan ruinas, y en esas ruinas siempre queda algo vivo.

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Este artículo obedece a la opinión del columnista. EL ISLEÑO no responde por los puntos de vista que allí se expresan.

 

 

Última actualización ( Sábado, 01 de Marzo de 2025 05:41 )
 

Necesidad evidente de salario diferencial para las islas

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Pregonerosai - SIGNIFICATIVA Y MERITORIA NOMINACION PARA... | FacebookMucha gente lo desconoce pero los isleños están pasando por una difícil y extrema situación económica por los bajos ingresos que perciben en referencia al salario mínimo establecido por el Gobierno Nacional. De ahí la necesidad de aprobar un salario diferencial para estas islas, que dignifique la supervivencia diaria y bienestar de sus habitantes.

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