Sobre las islas hay registros de asentamientos humanos desde el siglo XVII. Reportaban los puritanos del Seaflower, quienes arribaron en los 1620s, la presencia en el archipiélago de europeos holandeses. Una comunidad diversa que se forma mediante la fusión de sus matices, que es el pueblo raizal de San Andrés, Providencia y Santa Catalina.
A ella se sumaron continuamente nuevos allegados que les agregan apellidos en idioma castellano y en otras lenguas que fortalece la identidad del conglomerado, hasta que ocurre el tsunami con el Puerto Libre decretado hace 60 años.
Este fenómeno cambia muchas cosas, casi todas, de las que constituían las estructuras de una comunidad progresista establecida por cerca de 400 años y en el balance de pérdidas y ganancias estamos en saldo rojo.
En este poco más de medio siglo la avalancha sobre los espacios y recursos de las islas ha sido despiadada. Los cambios en principios y valores, muy notorio, las prioridades modificadas a favor de unas prácticas salvajes, absolutamente irracionales, con comportamientos de tierra arrasada.
Lo cierto de todo es que esa comunidad ancestral, autóctona, originaria, es agredida en territorio propio, es arrinconada y las circunstancias amenazan su existencia.
Sobre esto se tiene el propósito de enmendar, de corregir el rumbo, de buscar caminos que garanticen la coexistencia pacífica y armoniosa que integre también a hombres y mujeres con su ambiente, de manera sostenible y sustentable.
Se pretende entretejer los derechos y deberes de todos, de poner en vigencia los convenios y las normas establecidas para proteger al pueblo étnico en las islas y al desarrollo de su cultura.
Consideramos necesario un desarrollo autónomo para las regiones y aún más para este archipiélago oceánico colombiano por todos los considerandos históricos, geográficos y culturales.
Pero sobre lo demás es fundamental desarrollar capacidades para formular propuestas colectivas que representen genuinos intereses de los pobladores que demuestren acuerdos de base que nos permitan avanzar en dirección a soluciones, que nos oriente a la vez en la identificación de oportunidades que empoderen a los isleños como protagonistas de su crecimiento integral.
Hay muchas tareas difíciles por realizar que requieren buena fe, conocimientos, trabajo en equipo y pasión en el empeño.





















