Estamos a las puertas de escenificar el VIII Green Moon Festival: un encuentro de la gran familia del Caribe con nuestras expresiones culturales populares, en el marco de realidades políticas, económicas y sociales, que también nos identifican.
Con una programación de ocho días de eventos, entre el 22 y el 28 de octubre, balanceada entre actividades lúdicas y académicas, vuelve pues la leyenda después de casi dos décadas.
Somos Colombia, somos Caribe, somos el archipiélago creole con marcada influencia británica y protestante; somos frontera marítima con Centroamérica y Jamaica, cuyos pueblos con el nuestro –el isleño raizal y el mestizo–, tenemos características compartidas en un espacio cercano que merece integrarse mejor.
La familia debe reconocerse tras los límites nacionales. Es fundamental romper con las cercas invisibles que nos mantiene separados negándose a visibilizar una historia común que ha entretejido a pueblos hermanos.
Encuentros como el Green Moon Festival muestran la necesidad de una política más abierta, de una atención oficial que permita a los extremos, a las puntas más sensibles, las fronteras, como a las manos y a los pies que con finos terminales sensoriales puedan llevar mensajes por todo el cuerpo, hasta el centro; hasta el corazón de la nación.
Somos un mar que debe ser de paz y de armoniosa convivencia para proteger un espacio común y vital, donde interrelacionarnos signifique adoptar medidas que preserven las especies vivas, fundamentales en nuestra cadena alimentaria.
Donde la gran familia creole, raizal, maya, misquito y Caribe, dividida por los tratados y por las aún no definidas fronteras en el mar –tarea por resolverse en insensibles tribunales internacionales–, tengamos siempre una segunda oportunidad de ser y de vivir por nosotros mismos.
El Green Moon Festival es un instrumento para mirarnos al espejo, para reconocernos y sensibilizarnos en nuestras muy buenas referencias de conducta, para demostrarnos en nuestras capacidades positivas, en conocimientos, con el don de compartir la terapia de la alegría, la amistad… y de competir con talento, con gracia y con esfuerzo para que nuestra felicidad sea el mejor atractivo del Departamento.





















