El debate sobre la libertad de informar que, cínicamente, propone las FARC como condición para liberar al periodista francés Romeo Langlois, es superfluo. Los periodistas de Colombia lo efectuamos a diario. Cada vez que matan a un comunicador, cuando hay denuncia por injuria o calumnia contra uno de nosotros, cuando un conglomerado económico compra un periódico o una cadena radial, cuando nos toca vender pauta publicitaria al tiempo de informar.
Lo que busca, sin lugar a dudas, ese grupo subversivo es sacar provecho político y publicitario de la coyuntura. Administrar con egoísmo el momento a fin de quitarle peso a su error garrafal de llevarse consigo a un civil, desarmado, extranjero, y periodista, además, que realizaba un trabajo informativo como suelen hacerlo los que ellos también reciben en la selva con el objeto de dar a conocer sus puntos de vista o el estado de su guerra interminable e inmisericorde.
No hay manera de entender como osan sugerir que hagamos un debate sobre la libertad de prensa en Colombia, cuando son ellos los que no han sido capaces de entender el momento de la historia que viven y se resisten a bajar de las montañas para venir a discutir civilizadamente en los escenarios de nuestra democracia, aunque imperfecta, las ideas que dicen defender con las armas.
Eso sin contar con que jamás permiten a sus integrantes acceder a la información venida de otras fuentes distintas a las suyas. Como si eso no fuera también una forma de manipulación.
Qué va saber, entonces, las FARC de libertad de expresión, sí lo que hacen precisamente es la guerra para callar las voces de quienes disienten de su forma de pensar. Contender con todo el que se les atraviese sin miramientos ni reflexión, decididos siempre a no reconocer que otro tenga la razón si va en contra de sus dogmas recalcitrantes. Incluso acudiendo al exterminio.
Los periodistas sabemos que la manipulación es el propósito perenne de los que juegan sucio. Y esos están en todos los bandos. Algunos gastan millones en francachela para intentarla, otros exhiben encantos que nunca antes tenían cuando pretenden algo, algunos actúan como la serpiente del paraíso, muchos otorgan contratos publicitarios a cambio de buena imagen, en fin. No crean, pues, que el asunto no ha sido debatido, lo que ocurre es que siempre llegamos a la misma conclusión: todo el mundo quiere que los periodistas digamos únicamente lo que les conviene.
Así que, señores de las FARC, no nos vengan con ese cuento ahora. Y liberen al colega, ya, carajo.
COLETILLA: “No hay barrera, cerradura, ni cerrojo que puedas imponer a la libertad de mi mente. ”Virginia Wolf.






















