Según reporta El Espectador del 5 de mayo: “Para Arguello, jefe de la delegación de Nicaragua, su país tiene de antemano ganada la batalla jurídica: “Con unas islitas pequeñas de cuatro piedras frente a las costas de Nicaragua, Colombia pretende cercenarnos las dos terceras o más partes de espacios marítimos que le corresponden a Nicaragua”…. “Es absurdo pretender que con tres piedras ahí en frente, Nicaragua perdió todos sus derechos”
Ahora resulta que el Archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina, sus cayos y bajos, sus más de 80.000 habitantes, toda su historia, cultura y su enorme riqueza natural, la Reserva de Biosfera, el más vasto complejo arrecifal coralino oceánico de este lado del Planeta, sólo somos “tres piedritas al frente de Nicaragua”.
A pesar de lo profundamente irrespetuoso de sus términos, la falta total de diplomacia, no sabe uno si agradecer al señor Arguello por revelarnos, con tan meridiana claridad, lo que están pensando de nosotros las autoridades nicas (no su pueblo, con el cual nuestro Archipiélago guarda vínculos históricos y familiares): para ellos somos “piedritas”. Aquí no hay un pueblo, una tradición, una cultura; nadie que necesite este territorio, que viva en él, de él, para él.
Ningún pueblo que haya hecho soberanía por más de dos siglos.
¡Aquí sólo existe un interés de Nicaragua en tener más espacios marítimos!. Y para que? Para sobreexplotarlos, como ya lo hacen con la plataforma de donde extraen langosta para venderla barata a los gringos. Para buscar petróleo y acabar lo que no haya acabado la sobreexplotación de langosta, que es mucho pues la pesca de escama ha sido poco aprovechada. Para crear problemas externos y con ello crear una cortina de humo para sus problemas internos que ojalá pudieran resolver.
Pero no: ¡Qué derechos humanos! ¡Qué necesidades humanas! ¿Sabe la delegación nicaragüense y sus jefes en el gobierno que lo que están pretendiendo son los ecosistemas vitales, el espacio de pesca de los habitantes de las “piedritas”? ¿Quizá olvidan que las piedritas tienen habitantes? ¿No saben que esas piedritas encierran un patrimonio cultural y natural de importancia mundial, reconocido como Reserva de biosfera Seaflower por UNESCO?
¡Qué vergüenza!
Debería terminar aquí pero quiero añadir dos comentarios adicionales sobre la posición del gobierno de Nicaragua, que es conveniente que todos entendamos, pues revelan su desinterés en la verdad. El primero se refiere al argumento de que el Archipiélago se encuentra en la plataforma continental nica y por lo tanto debe pertenecer a Nicaragua. La simple consulta de un mapa de fondos marinos del Caribe, que cualquier joven (pero al parecer no la Cancillería nicaragüense) puede hacer en internet, será suficiente para comprobar que no es así. El Archipiélago está por fuera de la plataforma continental.
Lo cual, de paso, determina lo que es motivo del segundo comentario. Este, un poco menos conocido, se refiere al hecho de que las aguas sobre la plataforma continental (alrededor de 100.000 kilómetros cuadrados cedidos en un 99% a Nicaragua por el inequitativo Tratado Esguerra- Bárcenas) son altamente productivas. En general son aguas de menos de 200 metros de profundidad, donde la luz y los nutrientes provenientes del fondo y del continente son abundantes y la productividad biológica muy elevada; de allí que sea la zona más importante de producción de langosta espinosa en todo el Caribe y, en general, una zona muy buena para la pesca.
Colombia se quedó con una extensión más grande, pero de aguas oceánicas, esto es por fuera de la plataforma, que son el equivalente marino del desierto del Sahara, con algunos pequeños oasis formados por los arrecifes de coral en las islas, cayos y bajos (las “piedritas”, en lenguaje del delegado nicaragüense). En total son menos de 3000 kilómetros cuadrados de aguas ricas en pesca básica para sanandresanos y providencianos, los habitantes de las piedritas, que perderían un patrimonio fundamental. Esto es lo que Nicaragua reclama para sí, aunque poco o nada añaden a sus ricas zonas de pesca.
Así que, y esto ya es un concepto muy personal, quizá sería más conveniente derogar el Tratado Esguerra Bárcenas, volver a los límites de 1928, hacer un nuevo tratado y, si no queda más remedio, volver a dividir la zona, no según su extensión sino su productividad, a la luz de lo que ahora sabemos, para que se reconozcan los derechos de sus habitantes y procurar que los recursos queden equitativamente divididos. Pero, eso si, en consulta con sus habitantes, dueños tradicionales y quienes verdaderamente han ejercido, por más de dos siglos, 200 años la soberanía en estos espacios marítimos, estas “piedritas”, y sus recursos.
Ojalá la negociación la adelanten personas que no partan de los principios “humanísticos” del señor Arguello.






















