
La Corte Internacional de Justicia (CIJ), en La Haya, es el principal órgano judicial de Naciones Unidas y el más importante tribunal internacional para resolver diferencias jurídicas entre Estados, es ante el cual Nicaragua y Colombia están dirimiendo su diferendo territorial por las islas de San Andrés, Providencia, Santa Catalina con todas las posesiones geográficas que forman parte de este archipiélago en el mar Caribe.
En decisión anterior ese tribunal declaró la plena validez del tratado Bárcenas-Esguerra firmado en 1928, reconociendo soberanía colombiana sobre las tres islas mayores y determinó que dicho instrumento no contiene un pacto bilateral de delimitación marítima entre las partes por lo que procederá a establecer en sentencia inapelable una decisión al respecto después de las audiencias orales para presentación de alegatos que corre entre el pasado 23 del presente mes hasta el 4 de mayo.
Los colombianos registramos con indignación la pérdida de Panamá en 1903, hecho que formó parte de los cambios en nuestra geografía, que con las modificaciones en el trapecio amazónico y con Los Monjes en la Guajira han significado segregaciones importantes a la superficie nacional.
Pero pocos en Colombia recordamos que la Mosquitia fue colombiana entre 1810 y 1928 y que la razón del tratado Bárcenas-Esguerra fue para zanjar diferencias por la toma de hecho por parte de Nicaragua de la zona, desde el cabo Gracias a Dios hasta el río Chagres, o sea todo lo que hoy constituye la costa Caribe nicaragüense.
Lo anterior tuvo lugar tan solo una década antes de la pérdida de Panamá y nuestro país sin una flota marina adecuada, sin embarcaciones para ejercer soberanía en mares y tierras agregadas a Colombia por la adhesión del gran archipiélago sobre el que ejercimos dominio al Norte de la Vieja Providencia desde los bajos de Rosalinda, pasando por isla Serranilla hasta el atolón del Sur-sur-oeste de la isla de San Andrés, llamado Alburquerque.
Mientras Colombia con los franceses desarrollaba su obra del canal interoceánico en el istmo de Panamá, que fracasó por vicisitudes diversas, los británicos y sus aliados estimaron hacer lo mismo por territorio nicaragüense donde utilizarían el río San Juan y los lagos de Nicaragua y de Managua para acceder al pacífico.
Panamá independiente dio lugar para la terminación del canal pactando con los Estados Unidos y no era necesario entonces otro paso interoceánico.
El ‘nuevo’ mapa desde 1928
El departamento de San Andrés, Providencia y Santa Catalina es un territorio marítimo, de sus más de trescientos mil kilómetros cuadrados de espacio que le corresponderían, solo tenemos cerca de 48 en superficie terrestre, en las varias pequeñas islas.
Las áreas de la plataforma continental al oriente del meridiano 82 y bajo el paralelo 15 contienen grandes recursos renovables en sus aguas, y en el subsuelo marino posibles yacimientos de hidrocarburos y otros minerales. Ese es hoy, probablemente la razón de la disputa. Mientras tanto la suerte de los habitantes del archipiélago, quienes escogieron a Colombia como patria, viven su viacrucis.
Aunque el territorio tuvo muchos pretendientes históricamente, los isleños rechazaron a los otros, no queriendo ser colonia británica aún con los puritanos y con quienes los sucedieron eran mayorías poblacionales anglosajones; no cuajó tampoco la posesión ejercida por Louis Aury a nombre de las provincias del Chile y Buenos Aires por pocos años, quizás por su muerte súbita.
Nadie por aquí pensó en Estados Unidos como patria, será por los maltratos a los africanos, sobre todo en el sur, de lo que tuvieron pleno conocimiento nuestros ancestros. Nos unimos a la más diferente, a Colombia: católica, mestiza, hispano parlante, de normas escritas y de prácticas andinas.
La distancia de Colombia tal vez se les hizo cómoda; les permitió auto regular su convivencia bajo firmes convicciones religiosas protestantes en solidaria armonía, gente angloparlante, con la combinación europea, africana, asiática y mestizo que los hace Caribes y de prácticas consuetudinarias.
Igualmente distantes de Nicaragua porque la franja de la Costa de la Mosquitia tiene un aislamiento natural, por los bosques húmedos, de lo que ellos llaman el interior, refiriéndose a la parte seca del continente centroamericano, y ocupada también por gente diferente angloparlantes, garífunas, mayas y misquitos principalmente con sus creencias, costumbres e idiomas particulares.
Éramos un conjunto de pueblos casi auto gobernados, con principios y valores coherentes que facilitaban la coexistencia y administrados desde las islas de San Andrés.
La administración bajo la Capitanía General de Guatemala, en Antigua, no llegaba a la costa de la Mosquitia ni al archipiélago por lo agreste del medio físico, era toda una odisea cruzar por tierra del pacífico hasta el Caribe o viceversa, por ello lo natural resultó ser con Cartagena, Nueva Granada antes y después Colombia.
El tratado de 1928 dividió a los dos pueblos y a los de la Costa Mosquitia y las islas próximas hasta el meridiano 82 los declaró nicaragüenses.
Los habitantes de San Andrés, Providencia y Santa Catalina también fueron visitados por los promotores de la separación de Panamá, pero la firme determinación por Colombia estuvo presente nuevamente.
La autonomía territorial
Luego fuimos elevados hace 100 años a la categoría de Intendencia Nacional en la división política después de 90 años de ser tratados como menores de edad bajo el departamento de Bolívar y otras determinaciones nacionales, inaugurando una política de ocupación del territorio insular demostrando cómo nuestras diferencias étnico culturales han jugado en contra muy a pesar de nuestro patriotismo.
Para la guerra ante el Perú se alistaron los hombres de estas islas tripulando y comandando los buques en la recuperación del Sur, para después participar activamente en la institucionalización de la Armada Nacional.
En la II Guerra Mundial sufrimos el hundimiento de cuatro goletas sustanciales para las actividades comerciales y de comunicación con Panamá y con la costa Caribe colombiana, procediéndose después a declararnos puerto libre, la tienda para adquirir los elementos caseros importados a menor precio, lo que generó inmigración descontrolada de personas, de usos y costumbres ajenas a la racionalidad del medio, y del deterioro del equilibrio económico, social y ambiental.
La constitución de 1991, especialmente su artículo 310 trae un instrumento esperanzador por restablecer condiciones para mitigar a un pueblo amenazado por el desplazamiento y la ocupación, pero 20 años después es más latente aquello de estar en peligro de extinción.
Todo el territorio del archipiélago es vital para Colombia, para los raizales, para los isleños y para la población en general, lo hemos convertido -en buena parte- en reserva mundial de la Biosfera de la Unesco, para su sostenibilidad y por el bien de la humanidad, es el mar de donde obtenemos el sustento de vida; y cada centímetro es esencial para estos propósitos.
Ahora, insólitamente, tras más de dos siglos de sustentable, ininterrumpida y pacífica posesión, la suerte de la integridad de nuestro espacio territorial está en las manos del Tribunal de La Haya que no tiene en cuenta a los pobladores poseedores ancestrales de estas tierras y su mar.






















