Quiero comenzar la reflexión trayendo la historia de un crucifijo que estuvo expuesto en un templo hasta que, un día, una gran tormenta echó abajo dicho templo. Desde entonces, el crucifijo quedó durante años expuesto al sol, a la lluvia, a los vientos y a las inclemencias del tiempo.
Cuando un devoto comenzó a recaudar fondos para reconstruir el templo, el crucifijo se le apareció en sueños y le dijo:
-“Aquel templo pequeño en el que me tenían era como una cárcel para mí, no un hogar. Déjame seguir expuesto a las inclemencias de la vida, que ése es mi lugar”.
Evocando al profeta Isaías cuando habla del culto auténtico que Dios quiere, dice: “El cielo es mi trono, y la tierra el estrado de mis pies: ¿qué templo podrán construirme o qué lugar para mi descanso?” (Is 66, 1). Dios no necesita templos ni culto; pero sí quiere la adoración en espíritu y en verdad. Dios quiere habitar entre nosotros no en un templo material sino en nuestro corazón; eso es posible cuando permitimos que su Palabra sea oída y que se haga práctica en las buenas obras, ese es el templo y el culto que Dios quiere.
En el evangelio de este quinto domingo de Pascua dice Jesús: “me voy a prepararles un lugar. Cuando vaya y les prepare un lugar, volveré y los llevaré conmigo, para que donde estoy yo estén también ustedes. Y adonde yo voy, ya saben el camino” (Jn 14, 1ss). Construir la Iglesia para que Dios habite en el mundo, es tarea conjunta entre el Señor y nosotros los creyentes. El templo de Jesucristo es el mundo, pues quiere estar expuesto a las inclemencias de la vida. Esa construcción tiene unas condiciones especiales.
La primera condición, la Iglesia debe estar construida sobre el cimiento que es Cristo. Sólo así podemos edificar algo que sea duradero. La vida cristiana de toda persona, familia y comunidad debe estar sostenida en la piedra angular, Cristo resucitado de entre los muertos. Cristo es el camino que conduce al Padre, la verdad que da sentido a la existencia humana y la fuente de vida que es alegría eterna. Sobre esa piedra viva se construye el nuevo templo, el templo espiritual donde se acoge la verdadera y definitiva presencia de Dios
San Pedro dice que, si queremos construir algo con Dios, como creyentes debemos buscar un soporte seguro; por eso nos recomiendo que “Acercándose al Señor, piedra viva rechazada por los hombres, pero elegida y preciosa… seremos piedras vivas”. Y continúa el apóstol insistiendo: “Mira, pongo en Sion una piedra angular, elegida y preciosa; quien cree en ella no queda defraudado”. (Cfr. 1 Pe 2, 4 - 9).
Volvamos a poner a Cristo en nuestro corazón, que él sea la persona más importante de nuestro día. Que sea el centro de nuestra familia, por eso oramos para levantarnos, para compartir el pan, para irnos al trabajo y para buscar el descanso. Que Jesús sea el motivo de congregación de nuestras comunidades eclesiales, que vayamos a su encuentro en la Eucaristía. El cimiento de toda obra buena es el Señor vivo.
Segunda condición, nosotros somos piedras vivas en la construcción de la casa de Dios. En este sentido es consolador que escuchemos del apóstol Pedro estas palabras que son para nosotros: “Ustedes, en cambio, son un linaje elegido, un sacerdocio real, una nación santa, un pueblo adquirido por Dios para que anuncien las proezas del que los llamó de las tinieblas a su luz maravillosa” (1 Pe 2, 4ss). Lo dice el canto, yo soy la iglesia, tú eres la iglesia, somos la iglesia del Señor, hermano ven ayúdame a edificar la Iglesia del Señor. Somos piedras vivas.
Tercera condición, la Iglesia se construye en medio de tensiones. El libro de los hechos de los apóstoles, hablando de los primeros pasos de las comunidades cristianas dice que “al crecer el número de los discípulos, los de lengua griega se quejaron contra los de lengua hebrea, porque en el servicio diario no se atendía a sus viudas” (Cfr. He 6, 1 – 7) Queda en evidencia que la construcción de la casa de Dios en el mundo no está exenta de retos, dificultades y hasta escándalos.
Dice el texto bíblico que ellos solucionaron el impase de dos maneras; la primera, consultado a los apóstoles: “Los Doce, convocando a la asamblea de los discípulos, dijeron: «No nos parece bien descuidar la palabra de Dios para ocuparnos del servicio de las mesas. Queda en evidencia que la unidad de la Iglesia tiene como fundamento la Palabra de Dios hecha carne en Cristo Jesús, nuestro Señor. Vemos una Iglesia respondiendo desde la Palabra de Dios en ambiente de diálogo y de oración. Esa comunidad se alimenta de la Palabra y esa es la tarea principal de los apóstoles. Ese es nuestro compromiso hoy, anunciar a Jesucristo, y esta es la tarea principal de la Iglesia.
La segunda manera de afrontar el impase los lleva a tomar esta decisión “escojan a siete de ustedes, hombres de buena fama, llenos de espíritu y de sabiduría, y los encargaremos de esta tarea; nosotros nos dedicaremos a la oración y al servicio de la palabra”. Eligieron a Esteban, hombre lleno de fe y de Espíritu Santo; a Felipe, Prócoro, Nicanor, Timón, Parmenas y Nicolás, prosélito de Antioquía. Se los presentaron a los apóstoles y ellos les impusieron las manos orando”.
Queda en evidencia, que la unidad de la Iglesia es apostólica, es decir, una unidad visible fundada sobre los apóstoles, que Cristo eligió y constituyó como testigos de su resurrección, esto nos pide la obediencia de la fe, tan esquiva por muchos hoy, cuando vivimos la dictadura del relativismo donde todas las verdades y normas se definen desde el gusto y muchas veces desde nuestro capricho. Pero ¡cuanto bien hace cuando somos obedientes a la fe!, obedientes a Cristo, a su Palabra y a sus exigencias, porque así seremos verdaderamente libres.
Que María, la Madre de la Iglesia nos ayude a ser piedras vivas en la construcción de la casa a Dios en el corazón del mundo y de cada persona, sabiendo que Cristo Resucitado, la piedra angular quiere estar expuesto a las inclemencias de la vida, porque así es mejor reconocido como el camino, la verdad y la vida.
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Este artículo obedece a la opinión del columnista. EL ISLEÑO no responde por los puntos de vista que allí se expresan.






















