Home Opinión Columnas La noche que caímos de la cama
  • Increase font size
  • Default font size
  • Decrease font size
Search

elisleño.com - El diario de San Andrés y Providencia.

JA slide show
 

Banner aniversario 24 años 1

BannerCRbaja

La noche que caímos de la cama

Correo Imprimir PDF

Edna Rueda Abrahams 2025 COLUMNA¿Por qué un joven en la isla no se asusta por perder el trabajo? ¿O la vida? ¿Por qué parece no temerle al futuro? ¿Por qué colectivamente no nos alarman los huracanes, si cada temporada nos recuerdan que siguen ahí? ¿Por qué un corrupto no se inquieta por ser atrapado o señalado?

Si los peligros son conocidos, si las consecuencias no son un misterio, tal vez la pregunta correcta no sea moral sino neurológica: ¿y si en esta isla todos nos golpeamos la cabeza?

No lo digo como insulto, sino casi como hipótesis clínica. Existe una zona del cerebro llamada corteza orbitofrontal, una especie de oficina de control instalada justo detrás de la frente, encargada de medir consecuencias, frenar impulsos y avisarnos cuando una decisión es mala idea. Es la parte que susurra “mejor no”, incluso cuando el deseo grita lo contrario.

Allí viven la prudencia, la vergüenza útil y esa pequeña alarma que impide convertir cada impulso en una tragedia.

Cuando esa región se lesiona, el cambio no siempre aparece dramático. La persona sigue hablando, trabajando, riendo. Pero algo fino se rompe: disminuye la capacidad de anticipar peligro, aumenta la impulsividad, se debilita el juicio social y la relación con el riesgo se vuelve extrañamente ligera.

Mi suposición es que quizás no somos temerarios: quizás somos un archipiélago entero con lesiones orbitofrontales no diagnosticadas.

Tal vez ocurrió una noche específica. La imagino como una noche gris, con un solo relámpago. Una noche absurda y perfectamente caribeña, una en la que todos, sin excepción, nos caímos de la cama al mismo tiempo. Una sincronía ridícula, todos golpeando la frente contra el piso con la misma precisión quirúrgica.

Puede ser que a la mañana siguiente, nos levantamos iguales por fuera, pero al saltar, desde aquel momento hacemos el mismo ruido de maracas con una sola semilla: algo estaba roto, un cable se había soltado. Seguíamos reconociendo los peligros, solo dejaron de producirnos respeto.

Desde entonces, desde esa noche que ya todos olvidamos, llamamos valentía a la imprudencia, confundimos resistencia con costumbre y carácter con terquedad. El miedo, que antes protegía, fue tratado como debilidad. Eso no es coraje; eso es un golpe mal atendido.

Tal vez lo que necesitamos no es otra teoría política, sino una revisión más simple y más honesta: tocarnos la frente y preguntarnos si todavía estamos pensando bien. Porque no es normal vivir sin miedo cuando el peligro es evidente. No es normal llamar valentía a lo que nos destruye.

Quizás ya es hora de hacer lo único que nunca hicimos: levantarnos de verdad, sacudirnos el golpe… Y volver a aprender a temerle a lo que puede acabar con nosotros.

------------------

Este artículo obedece a la opinión del columnista. EL ISLEÑO no responde por los puntos de vista que allí se expresan.  

 

Última actualización ( Sábado, 02 de Mayo de 2026 05:04 )  

Welcome Caribe

PORTADA 226

EL ISLEÑO 130

WELCOME BANNER LATERAL DECAMERON DICIMEBRE

Indicadores Economicos

Translate this page

Síganos en Facebook

Descarga Firefox


BANNER CASABLANCA.CUADRADO BAJO PESO

EPIC

Banner Caicedo

pauta periodico aguardiente 1 1 1 optimized

WhatsApp_Image_2024-06-06_at_7.32.39_AM.jpeg

DoIt.jpg

SOPESA.BANNER.NUEVO01.jpeg

GESA NIFF02