La Iglesia, en todos los rincones del mundo celebra hoy la fiesta del Buen Pastor, para destacar a Jesús, pastor solícito que cuida de su pueblo; y al lado de él, destaca y pide oración por los sacerdotes y debe ser así porque la vocación sacerdotal está al servicio de todas las demás vocaciones en la Iglesia. Orar por las vocaciones sacerdotales es, en el fondo, orar por todas las vocaciones y por el bien de toda la Iglesia.
El amor de Jesús por nosotros se representa con la imagen del Buen Pastor, que de entrada deja ver que no pretende ejercer dominio y sumisión, sino establecer una relación de amor verdadero que nos deja libres, y que cuando vamos desorientados por caminos que conducen al abismo, se atreve rescatarnos. Las lecturas de hoy están llenas de imágenes que recorren la Biblia entera mostrando a Jesucristo, el enviado de Dios, como el Buen Pastor.
Tomemos tres imágenes bíblicas para comprender mejor el significado del Buen Pastor; comencemos con la imagen principal de este domingo, La Puerta. Dice Jesús, “Yo soy la puerta: quien entre por mí se salvará y podrá entrar y salir, y encontrará pastos.” (Jn 10,9). La puerta permite entrar y salir, es la imagen de la libertad y la confianza; no se entra por las azoteas, ni a escondidas.
Cuentan que una oveja descubrió un agujero en la cerca y se escabulló a través de él. Estaba feliz de haber escapado. Anduvo errando mucho tiempo y acabó desorientándose. Entonces se dio cuenta de que estaba siendo seguida por un lobo. Echó a correr y a correr… pero el lobo seguía persiguiéndola. Hasta que llegó el pastor, la salvó y la condujo de nuevo, con todo cariño, al redil. Y a pesar de que todo el mundo le instaba a lo contrario, el pastor se negó a reparar el agujero de la cerca.
La puerta es Cristo Jesús, en quien podemos confiar; solamente en Jesús y con Jesús podemos encontrar a Dios y encontrar la vida. Esto es un indicador para quienes hoy participamos de la misión del Buen Pastor; debemos salir a buscar la oveja perdida y mostrarle el amor de Cristo; hemos de saber que la puerta del aprisco es pequeña por la humildad, y solo pueden entrar por ella quienes imitan la humildad de Cristo. Quienes no entran por esta puerta son orgullosos, no imitan al que, siendo Dios, se hizo hombre y no reconocen su humildad.
El pastor debe saber además que Cristo entró al mundo por la puerta de la donación y vino a buscar a la oveja extraviada. Pastor que busca fama, reconocimiento, ambición, poder y simonía es ladrón y bandido porque roba, mata y pierde a las ovejas.
Segunda imagen, El Corazón Traspasado. El buen Pastor es portador de un mensaje que traspasa el corazón. Dice el libro de los hechos de los apóstoles que Pedro hizo el anuncio salvador del Mesías, y el gentío, “al oír esto, se les traspasó el corazón, y preguntaron a Pedro y a los demás apóstoles: ¿Qué tenemos que hacer, hermanos?... Los que aceptaron sus palabras se bautizaron en el nombre del Señor Jesús” (Cfr. He 2, 36 – 41)
Nosotros somos portadores del anuncio del misterio de la Pascua, la muerte y la resurrección de Jesús, que no se hace por estética, sino para traspasar el corazón y provocar cambios de vida, de actitud y de mentalidad de las ovejas, razón de ser del Pastor. Ese misterio de Pascua es tan radical, tan profundo, que quien oye lo que el Señor ha hecho por nosotros debe preguntarse por el sentido de su vida. Por ello, el mensaje de un verdadero Pastor debe llevar a la conversión.
Los sacerdotes, como buenos pastores tenemos que ayudar a vivir con radicalidad el bautismo. Para lo cual tenemos que hablar al corazón de cada persona para que comprendan que bautizarse es participar en los sufrimientos de Cristo, que no es un sufrimiento sin sentido, sino una participación en la muerte que lleva a la vida, a la resurrección. Los traspasados por el mensaje salvador ahora viven a plenitud.
La tercera imagen, Las Heridas que Curan, es decir los cuidados del Pastor. Dicen que es mejor no tocar las heridas porque se resienten y no sanan, o porque nos pueden contagiar. Sin embargo, las heridas de Jesús, sus llagas que son las marcas del amor, marcas de la cruz y de la entrega, curan, y hay que tocarlas.
El salmo 23 describe así los cuidados del pastor: “El Señor es mi pastor, nada me falta: en verdes praderas me hace recostar; me conduce hacia fuentes tranquilas y repara mis fuerzas”. La relación de Dios con su pueblo está representada como un servidor amoroso que llena de atenciones a su pueblo, por esto guía por sendero justo, prepara la mesa y unge con perfume. Jesús con su muerte en la cruz, demuestra con sus llagas su “dolor solidario” vivido a lo largo de su vida. Decir que sus heridas nos han curado es poner de manifiesto que su entrega nos ha salvado de un mundo sin piedad y sin corazón.
Para los sacerdotes que ejercemos el pastoreo en nombre del Señor son estas palabras: “Que aguanten cuando sufren por hacer el bien, esta es una gracia de parte de Dios” (1 Pe 2, 20). Las heridas por salvar a otros son signo de amor y de buen pastoreo. Seguramente cuando seamos llamados ante el Juez Eterno, se nos pedirá mostrar las llagas que evidencien el dolor solidario sufrido por amor a los pobres, a los pecadores y a los humildes.
Que la Divina Pastora interceda ante el Padre pidiendo vocaciones y que proteja y asista a los sacerdotes que participan de la Misión de Cristo, como buenos pastores del rebaño.






















