
Esta es la historia de Jeddy Eldan Robinson Hawkins, un joven de 17 años, oriundo de Providencia, que hoy viste el uniforme de la Selección Colombia de béisbol en los IV Juegos Suramericanos de la Juventud, que se disputan en Panamá del 20 al 25 de abril. Su horizonte no tiene límites, su voluntad tampoco.
Mide 1.79, pero su estatura va mucho más allá de su físico. Jeddy es, sin exagerar, uno de esos niños prodigio que nacen en territorios donde las oportunidades escasean, pero donde la disciplina, la familia y el sueño de una comunidad construyen sus propios caminos.
La historia de este joven aguerrido y muy adelantado en pensamiento para su edad, comienza como la de otros niños y niñas de Providencia y Santa Catalina que han logrado escapar de las vulnerabilidades practicando natación, basquetbol o haciendo música.
Con un guante, una pelota y el impulso de jugar dio sus primeros pasos en la escuela de formación de la Alcaldía de Providencia, bajo la guía de entrenadores como Henry y Moisés, y más adelante con Pedro Noé, el que muchos conocemos por su amor a la enseñanza de este deporte.
Pero hubo un momento que marcó su destino. Hace un tiempo en un torneo local le dijeron que no podía jugar. ¿La razón? “Lanzaba muy duro”, en comparación con los otros chicos de su edad. Así que, para lo que para algunos era un impedimento, para su familia fue una clara señal de que, si se quedaba en la isla con esa derecha impactante, se iba a ver frenado.
“Si lo dejábamos ahí, lo atrofian”, recuerda su madre, Neysa Danery Hawkins Borden. Y entonces tomaron una decisión que cambió todo: sacarlo de la isla.
A los 15 años, Jeddy se fue a Barranquilla, a la Academia Normando Linero (PL), donde sus habilidades no encontraron límites.
Allí se consolidó como pitcher. Hoy, Ya tiene en su haber cuatro torneos consecutivos como mejor lanzador, un reconocimiento como jugador más valioso y una distinción adicional por mejor efectividad. Mientras tanto, terminaba su bachillerato a distancia y obtuvo títulos técnicos en entrenamiento deportivo.
Del desarraigo a la selección Colombia
Pero el camino no ha sido fácil. Alejarse de su familia y de Providencia no es algo sencillo ni bonito. Pasó la Navidad de 2025 y Año Nuevo de 2026 lejos de su casa, sin ver a su familia durante más de un año. “Estoy haciendo sacrificios. Así es como uno logra lo que quiere”, le dijo a su madre y se quedó concentrado en sus prácticas.
Hoy, ese mismo joven que una vez fue excluido por lanzar demasiado fuerte, es convocado desde Barranquilla para integrar la Selección Colombia y representar al país y a sus islas en un torneo internacional.
En febrero de 2025 ya había estado en República Dominicana con el equipo de Texas, y actualmente su proceso está siendo seguido por scouts internacionales. “Ya tiene las puertas abiertas. En cualquier momento puede llegar la llamada”, comenta su madre en una entrevista emotiva y esperanzadora.
A pesar de todo, el joven Jeddy no ha cambiado. Cuando vuelve a Providencia como lo hizo recientemente por unos días en Semana Santa siguió siendo el mismo muchacho humilde, cercano y familiar.
Para su madre, no hay palabras suficientes: “La felicidad se nos sale del pecho.”
Su historia no solo es personal. Es colectiva, es el reflejo de una juventud que, en medio de la falta de garantías en educación, deporte y políticas públicas, encuentra en el esfuerzo familiar y de particulares una salida, aunque no debería ser así.
En este camino, la familia reconoce el apoyo de: Normando Linero, Pedro Noé, Moisés Cardales, Mark Henry, Johnny Henry, John Hawkins, la escuela de formación de la Alcaldía, de I-Fish Association, cuyo representante Edgar Jay fue la primera persona en comentarme sobre este orgullo raizal.
Hoy Jeddy está en Panamá, pero su meta está más lejos. Las Grandes Ligas no es un sueño lejano, es una posibilidad real. Y cuando ese día llegue, no será solo el triunfo de un joven providenciano y su familia. Será el grito de todo un archipiélago diciéndole a la juventud, miren chicos y chicas: sí se puede.






















