
En medio de la creciente llegada de sargazo a las costas de San Andrés, un grupo de visitantes decidió pasar de la contemplación a la acción. Mientras disfrutaban del mar de los siete colores, varios turistas recogieron manualmente la macroalga acumulada en distintos sectores de la playa, en una escena que llamó la atención de residentes y prestadores de servicios turísticos._Vea también: proyecto de Coralina y otras entidades._ (Foto de archivo)
El gesto, aunque espontaneo y voluntario, se produce en un contexto de alta acumulación de sargazo en el archipiélago. Durante las últimas semanas, esta alga marina ha cubierto importantes franjas del litoral, alterando el paisaje costero, generando olores por su descomposición y afectando la experiencia de quienes llegan atraídos por la transparencia y belleza de las aguas insulares.
El fenómeno del sargazo no es nuevo en el Caribe, pero su frecuencia e intensidad han aumentado en los últimos años debido a factores como el cambio climático, el incremento de nutrientes en el océano y las variaciones en las corrientes marinas.
Cuando arriba en grandes cantidades, impacta no solo el ecosistema –al modificar las condiciones del agua y afectar pastos marinos y arrecifes– sino también la dinámica económica de destinos cuya principal vitrina es la calidad de sus playas.
Para San Andrés, donde el turismo representa uno de los pilares fundamentales de la economía, la presencia masiva de esta macroalga supone un desafío ambiental y operativo.
La imagen de turistas participando en la recolección refleja, además, una creciente conciencia ambiental entre los viajeros, quienes reconocen la importancia de contribuir a la conservación de los destinos que visitan. Sin embargo, expertos recuerdan que el manejo del sargazo requiere estrategias técnicas y coordinación institucional para evitar afectaciones adicionales al ecosistema costero.
Iniciativas y talleres internacionales
A propósito, varias iniciativas se han presentado en las islas a lo largo de los últimos años desde que se comenzaron a sentir las consecuencias del fenómeno ambiental.
Por ejemplo, el año pasado, San Andrés fue sede del taller regional del proyecto ‘SargMarine’: una iniciativa clave para enfrentar el sargazo en el Gran Caribe, que contó con la participación de expertos de Panamá, Jamaica, República Dominicana y otros países de la región.
El encuentro se desarrolló los días 19 y 20 de junio, bajo la coordinación de la Corporación Ambiental Coralina y de la Secretaría de Servicios Públicos y Medio Ambiente del Departamento, quienes lideraron una mesa de trabajo, junto a entidades nacionales y regionales, para seguir avanzando en la atención de la problemática que genera la llegada masiva de esta alga a las islas.
Nacor Bolaños, coordinador de Áreas Protegidas de Coralina, indicó entonces que el hecho de que Colombia fuera incluida como país beneficiario en este proyecto, financiado por el Fondo Mundial para el Medio Ambiente (GEF, por sus siglas en inglés), fue una labor titánica emprendida por la autoridad ambiental; la cual contó, adicionalmente, con el apoyo de la Cámara de Comercio y de otras instituciones, y con el respaldo del Ministerio de Ambiente.
Esta es una iniciativa regional, que hoy incluye a siete países del Caribe afectados por esta problemática: Panamá, Jamaica, Granada, República Dominicana, Santa Lucía, Trinidad y Tobago y Colombia, cuyos representantes se reunieron junto a actores del sector turístico, pesquero, académico, institucional y social del Archipiélago, como un esfuerzo internacional en pro de una gestión más efectiva del sargazo.





















