
Tras décadas de mortandades masivas, se temía que el erizo negro hubiera desaparecido en San Andrés; pero un nuevo estudio de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) muestra que aún está presente, aunque en niveles bajos, por lo que su recuperación necesita planes de conservación más rigurosos.
La investigación estuvo motivada por el hecho de que, durante años, los arrecifes coralinos del Caribe han venido perdiendo a uno de sus aliados más importantes: el erizo negro (Diadema antillarum), un animal que controla poblaciones de algas que dificultan la supervivencia de los corales.
De esta manera, un nuevo estudio realizado en la Reserva de Biosfera Seaflower, una de las áreas marinas protegidas más importantes del Caribe colombiano, se propuso conocer el estado actual de esta especie, de la cual, hasta ahora, se sabía muy poco en esta región del país.
Sin “evidencias de mortalidad reciente”
Para lograrlo, Valentina Rojas Manrique, bióloga de esa universidad, realizó un muestreo sistemático en once estaciones distribuidas a lo largo del Archipiélago. Según explicó, en cada punto buceó en cinco transectos submarinos (de 15 metros de largo por 2 metros de ancho), cubriendo un área total de 1.590 metros cuadrados (m2).
En ese espacio contó y estudió cada erizo negro que encontró, sin extraerlos ni alterar el arrecife, logrando registrar en total 304 individuos; a cada uno de los cuales midió directamente bajo el agua, registrando el diámetro y la altura de su cuerpo, conocido como testa.
A partir de estas medidas, los clasificó como juveniles, adultos jóvenes y adultos, lo que le permitió evaluar si la población estaba envejecida, en recuperación o en equilibrio.
“Los resultados despejan una de las principales dudas sobre la desaparición de la especie que existían, tras la mortandad registrada en el Caribe en 2022. En San Andrés no se observaron signos de enfermedad activa ni evidencias de mortalidad reciente; además, la presencia de individuos de todas las edades indica que la población aún se mantiene funcional y que se puede reproducir”, explicó la profesional
No han desaparecido, pero no hay en las cantidades habituales
Sin embargo, la bióloga recalcó que aunque el erizo negro no ha desparecido en la isla, esta buena noticia tiene un límite claro: las poblaciones encontradas son bajas, con menos de un erizo por m2 en promedio, muy por debajo de los valores históricos y de los niveles necesarios para que esta especie cumpla plenamente su función ecológica.
Rojas mencionó que antes de la gran mortandad de los años 1980 –ocurrida en países como Puerto Rico, Jamaica y Estados Unidos (Florida)–, algunas zonas del Caribe llegaban a albergar más de 10 erizos por m2.
Por otro lado, el estudio de la UNAL encontró que prácticamente no hay individuos en los sectores expuestos a un oleaje fuerte y constante. En contraste, las mayores densidades se registraron en áreas protegidas por la barrera arrecifal, en donde el agua es más tranquila y el fondo marino presenta mayor diversidad.
Otro aspecto analizado fue el comportamiento de los erizos: muchos de ellos se encontraban en pequeñas agregaciones o grupos de hasta 13 individuos, un patrón que se asocia con mayor protección y mejores condiciones para la reproducción. No obstante, estas agrupaciones están muy lejos de las grandes concentraciones que se observaban décadas atrás.
¿Por qué importa todo esto?
La publicación de la UNAL resalta que este estudio es relevante, porque el erizo negro cumple un papel muy grande, en contraste con su tamaño: al alimentarse de macroalgas, evita que estas cubran el arrecife y asfixien a los corales; por eso, cuando la especie desaparece, las algas se expanden rápidamente reduciendo el espacio disponible para que los corales se fijen, crezcan y se recuperen tras eventos como el blanqueamiento o las tormentas.
Al respecto, el estudio de la experta muestra un escenario intermedio en el Archipiélago: la especie no está extinta, pero tampoco se ha recuperado. La población actual es pequeña, aunque estable, y no parece estar limitada por la disponibilidad de alimento. Esto sugiere que existe un potencial real de crecimiento, siempre y cuando se den las condiciones adecuadas.
Ahí es donde la investigación cobra un valor adicional: al identificar las zonas donde el erizo aún sobrevive y las características del hábitat que favorecen su presencia, el estudio proporciona una base científica para diseñar estrategias de manejo y restauración, entre ellas los programas de repoblamiento con juveniles criados en laboratorio, la protección de áreas arrecifales esenciales, y el control de factores que favorecen el crecimiento excesivo de algas, como la contaminación por nutrientes, métodos que ya han sido exitosas en lugares como Florida.
La bióloga Rojas plantea, entonces, una alerta temprana basada en datos: aún hay tiempo para actuar y reforzar el papel de este pequeño herbívoro en la salud de los arrecifes del Caribe colombiano.
(Tomado de: Agencia de Noticias UNAL - Foto: Jair Cardona, buzo y biólogo marino)




















