Celebramos en este domingo dos acontecimientos importantes, en primer lugar, la fiesta de la Sagrada Familia de Jesús, María y José, titular de nuestra Catedral de San Andrés, y en segundo lugar, clausuramos el año Santo Peregrinos de Esperanza que nos ha permitido alentar nuestra esperanza mediante la gracia de las indulgencias, y la participación en peregrinaciones y celebraciones especiales.
Vivimos situaciones que enredan nuestra vida y oscurecen el panorama de futuro, era necesario redescubrir que Jesús es nuestra esperanza.
Sigamos gozando de la Navidad y centrémonos en dos misterios de nuestra fe cristiana de mucho contenido humano y espiritual, ambos misterios son fundamentales para la edificación de nuestra sociedad, son ellos el misterio de la vida y el misterio de la Familia. Ambos misterios van de la mano, se exigen mutuamente.
Es la Palabra de Dios de este domingo la que nos plantea el desafío de proteger la vida y la familia, pues estos dos misterios son atacados de muchas maneras. Dice el Evangelista que “cuando se retiraron los magos, el ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: Levántate, toma al niño y a su madre y huye a Egipto; quédate allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo”.
Estos misterios sagrados de la vida y la familia son bombardeados por Herodes francotiradores poderosos, motivados por políticas económicas o por ideologías anti vida y anti familia que abundan y que se camuflan con máscaras que aparentan bondad. Nos corresponde a los cristianos católicos, salir en su defensa. Destaquemos de la Palabra de Dios de este domingo tres expresiones que nos ayudan a descubrir el valor de estos misterios.
Primera expresión, la familia es santuario donde se imparten bendiciones. Decimos que es santuario porque es un lugar donde se rinde culto a Dios, donde se celebra la vida y se comparte el amor, donde los peregrinos esperan recibir todo tipo de bendiciones y de ayudas divinas. El Papa Francisco lo decía bellamente: “tener un lugar a donde ir, se llama hogar, tener personas a quien amar, se llama familia, y tener ambas se llama Bendición¨.
Las bendiciones que se pueden recibir en el hogar son el abrigo del amor sin ningún tipo de interés ni de exigencia; la paz que tanto anhelamos; la fe que anima, sostiene, e impulsa a todos a obrar el bien y a dejarse ayudar de Dios; la amistad verdadera que lleva a dar la vida y a sentir el apoyo incondicional; la alegría verdadera que brota del amor, y muchas otras que hacen del hogar el mejor santuario donde se imparten bendiciones.
El libro del Eclesiástico menciona unas cuantas bendiciones; “el que honra a su padre expía sus pecados, el que respeta a su madre acumula tesoros; el que honra a su padre se alegrará de sus hijos y, cuando rece, será escuchado; el que respeta a su padre tendrá larga vida, al que honra a su madre el Señor lo escucha. Hijo mío, sé constante en honrar a tu padre, no lo abandones mientras vivas; aunque chochee, ten indulgencia, no lo abochornes mientras vivas”. (Cfr Eclo 3,2ss). Cómo no destacar estas grandes bendiciones: obtener el perdón de los pecados, alegrarse de los propios hijos, tener larga vida, y ser escuchados en la oración.
La segunda expresión, la familia es la mejor cuidadora de la vida. Dice el Evangelio de san Mateo que, “cuando se retiraron los magos, el ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: Levántate, toma al niño y a su madre y huye a Egipto; quédate allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo… «Levántate, coge al niño y a su madre y vuelve a la tierra de Israel, porque han muerto los que atentaban contra la vida del niño”. (Cfr Mt 2, 13 – 23).
Aun con todas las falencias que pueda haber no hay ninguna otra institución que brinde una mejor seguridad para la vida que la familia. Ninguna institución es mejor que la familia a la hora de cuidar la vida.
Tercera expresión, la familia es labranza de la vida y escuela de la fe. San Pablo a los Colosenses hace una bella síntesis de lo que la familia debe cultivar, “sea su uniforme la misericordia entrañable, la bondad, la humildad, la dulzura, la comprensión. Sobrellévense mutuamente y perdónense, cuando alguno tenga quejas contra otro.... Y por encima de todo esto, el amor... Que la paz de Cristo actúe de árbitro en su corazón… Y celebren la Acción de Gracias… Canten a Dios, denle gracias de corazón, con salmos, himnos y cánticos inspirados. Y, todo lo que de palabra o de obra realicen, sea todo en nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él. Mujeres vivan bajo la autoridad de sus maridos, como conviene en el Señor. Maridos, amen a sus mujeres, y no sean ásperos con ellas. Hijos, obedezcan a sus padres en todo, que eso le gusta al Señor. Padres, no exasperen a sus hijos, no sea que pierdan los ánimos”. (Cfr Col 3, 12 – 21).
Estamos desafiados por el Señor a hacer de la familia el santuario donde se imparten bendiciones, a convertirnos en sus cuidadores, a hacer de ella la labranza de las virtudes humanas y cristianas que forjar a los buenos cristianos y a los mejores ciudadanos. Sagrada Familia de Nazaret, bendice nuestras familias.





















