Es la materialización de un sueño continuo y compartido que tiene, entre otros, el fin de restablecer el tejido socioeconómico y cultural de los pueblos originarios de las costas de salt water roots en las naciones mencionadas, unidas por un hilo conductor de historias y conocimientos compartidos de siglos de vida, luchas, amores y naufragios.
En parte, este imaginario colectivo deseado y anhelado fue expresado claramente por varios ‘mayores’ nuestros, congregados en la II Cumbre, al precisar que en este espacio los pueblos estaban en una unidad territorial y maritorial antes de la aparición de fronteras nacionales en el Caribe Occidental, establecidas en las últimas veinte décadas.
Ante esta separación política en el año de 1987 y ante la necesidad de reconocernos, logramos establecer el Green Moon Festival para celebrar ese realismo mágico de la gran diáspora africana que relaciona a las otras grandes culturas precolombinas, europeas y asiáticas en el Caribe.
Luego, con el apoyo de fundaciones como Franz Weber de Suiza y Vivamos Humanos de Colombia, se trabaja para la protección de la biodiversidad en la Reserva de la Biosfera Seaflower, establecida por la Unesco el 10/11/2000 y atenuada –hay que decirlo– ante la reasignación de espacios de Zona Económica Exclusiva tras los fallos de la Corte Internacional de Justicia.
La COP y otros eventos de biodiversidad ante la necesidad de hacer incluyente una diplomacia de los pueblos, ha merecido la atención del presidente Gustavo Petro que con los ministerios de Relaciones Exteriores y Medio Ambiente que se empeñaron en respaldar y obtener, desde San Andrés, que esta iniciativa para la integración de los pueblos del Caribe Occidental naciera.
Entonces, la Autoridad Raizal, la fundación Green Moon y otras organizaciones iniciaron gestiones, esta vez con el protagonismo de los pueblos originarios de la rivera del Caribe Occidental y de Jamaica, con la energía y el esfuerzo de quienes creen y actúan en consecuencia por recobrar sueños, melodías y tradiciones más vigentes que nunca.
Nos vemos en Panamá…
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Este artículo obedece a la opinión del columnista. EL ISLEÑO no responde por los puntos de vista que allí se expresan.






















