Home Opinión Columnas ¿Quién está mirando?
  • Increase font size
  • Default font size
  • Decrease font size
Search

elisleño.com - El diario de San Andrés y Providencia.

JA slide show
 

Banner aniversario 24 años 1

BannerCRbaja

¿Quién está mirando?

Correo Imprimir PDF

Edna Rueda Abrahams 2025 COLUMNAPocas palabras causan tanta confusión como el vocablo ‘anarquía’. Muchos la asocian con el caos, con el descontrol y la violencia; sin embargo, su raíz filosófica habla de otra cosa: de una sociedad tan madura, tan éticamente consciente, que no necesita ser vigilada ni castigada para actuar con justicia.

Una utopía, sí, pero también un espejo que nos muestra cuán lejos estamos de esa plenitud moral. En lugar de aspirar a la autodisciplina, la mayoría sigue requiriendo la mirada del guardián, la amenaza del castigo, el ojo que controla.

Según Lawrence Kohlberg, el desarrollo moral avanza desde una obediencia por miedo al castigo hasta una autonomía sustentada en principios éticos universales. Cuando un individuo necesita vigilancia para comportarse, permanece estancado en los niveles más bajos del desarrollo: el nivel preconvencional, donde el bien y el mal dependen de la aprobación o el temor.

Es una moral infantil, basada en la mirada del otro. Una sociedad que solo funciona bajo castigo no ha alcanzado la madurez psíquica: vive en un retraso emocional, atrapada entre el miedo y la recompensa.

Hoy ese estancamiento no es sólo individual, sino colectivo. Las clases vulnerables enfrentan una crisis social, marcada por la carencia material y la desigualdad estructural; mientras tanto, las clases privilegiadas padecen una crisis ética, una pérdida de límites y propósito moral que convierte el privilegio en licencia. Así, el desbalance no es solo económico, sino espiritual: unos carecen de oportunidades, otros carecen de vergüenza.

Y en el fondo de ambos extremos palpita lo que podríamos llamar el hambre vieja: una sed interminable, una carencia primitiva que empuja al ser humano a tomar incluso aquello que pertenece a todos. No se trata del apetito corporal, sino de una falta de sentido, de una ausencia que roe por dentro. Es el impulso que lleva al funcionario a corromperse, al empresario a confundir el lucro con trascendencia, al ciudadano a colarse sin remordimiento. Es el murmullo del vacío, esa sensación constante de insuficiencia que ninguna abundancia logra calmar.

Así se estructura un circuito perverso: necesidad, violencia, corrupción y delito, que se repite en todos los niveles del sistema. El pobre roba por hambre literal, el rico por hambre simbólica; ambos, en el fondo, impulsados por la misma deficiencia moral. Y mientras el castigo siga siendo el único freno, la autoridad seguirá siendo un padre sustituto, un reflejo del miedo a crecer.

La verdadera madurez social —y psíquica— llegará cuando no necesitemos ser observados para actuar correctamente, cuando la ética deje de depender del castigo y empiece a nacer del respeto.

----------------

Este artículo obedece a la opinión del columnista. EL ISLEÑO no responde por los puntos de vista que allí se expresan.  

 

 

Welcome Caribe

PORTADA 226

EL ISLEÑO 229

WELCOME BANNER LATERAL DECAMERON DICIMEBRE

Indicadores Economicos

Translate this page

Síganos en Facebook

Descarga Firefox


BANNER CASABLANCA.CUADRADO BAJO PESO

EPIC

pauta periodico aguardiente 1 1 1 optimized

WhatsApp_Image_2024-06-06_at_7.32.39_AM.jpeg

DoIt.jpg

SOPESA.BANNER.NUEVO01.jpeg

GESA NIFF02