La muerte de Luz Marina Livingston Bernard, ocurrida el 9 de octubre en las aguas de Fresh Water Bay, conmocionó al archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina y al país entero. Su partida, rodeada de circunstancias aún sin esclarecer, se convierte en un hecho que exige atención urgente. No basta con lamentar su ausencia; es necesario transformar el dolor en memoria, reflexión y acción concreta.
Luz Marina no era una líder simbólica ni pasajera. Durante años fue defensora ambiental, periodista, escritora, activista y voz fundamental del pueblo raizal. Su vida estuvo marcada por la lucha en favor del territorio, de la cultura del mar y de la dignidad de su comunidad, dejando huellas profundas en cada espacio donde trabajó.
Tras los huracanes ETA e IOTA en 2020, Livingston se convirtió en uno de los pilares de la reconstrucción de las islas. Organizó labores de limpieza, coordinó apoyo logístico y acompañó a miles de familias que enfrentaban la devastación. En esas acciones combinó la fuerza práctica del servicio con el simbolismo de la esperanza, recordando que el cuidado mutuo es también un acto de resistencia.
Muchas de sus denuncias se concentraron en las tensiones que atraviesan el archipiélago: el avance del turismo descontrolado, la presión de intereses externos y el deterioro ambiental. En el artículo “Los fantasmas de las islas”, se describe esa realidad contradictoria, donde las islas aparecen para unos como paraíso turístico y para otros como territorio amenazado (Cambio, 2025).
Ella reconocía y señalaba esta doble cara con firmeza: belleza y agresión, refugio y peligro.
En su escrito más reciente, ella describió con valentía el miedo actual que recorre las islas. Indicaba que “ronda otro miedo… no asociado a los delirios del pasado”, subrayando que no se trata de recuerdos antiguos sino de un presente palpable y opresivo.
Su mensaje es claro: lo que paraliza a la comunidad raizal hoy no es la memoria histórica, sino la inmediatez de la amenaza violenta. Cuando afirmó que este miedo “convierte a todos en carnada”, fue más allá de la metáfora literaria. Desde una mirada forense, sus palabras señalan un proceso de cosificación social, donde la comunidad se siente presa de poderes criminales que buscan despojarla de agenda. Su lenguaje escrito no solo narraba, sino que denunciaba directamente las fuerzas que intentan someter a la población en silencio.
Su afirmación de que “las amenazas, asesinatos y desplazamientos no dan tregua” describe un estado de violencia permanente. Esta vivencia, en términos clínicos, refleja una condición de hipervigilancia y ansiedad crónica. Quien vive bajo esas condiciones experimenta un desgaste psíquico continuo, propio de una guerra no declarada que impide respirar en tranquilidad.
Luz Marina también denunció la invisibilidad política del pueblo raizal en las disputas de soberanía marítima entre Colombia y Nicaragua. En ese litigio, el Estado colombiano defendió sus intereses sin reconocer plenamente a los raizales como interlocutores legítimos (Open Democracy, 2012). Para Livingston, este acto significaba un despojo adicional: la exclusión de su comunidad en los escenarios donde se decidía su propio futuro.
Su vida encarnó la contradicción que define a las islas: un lugar visto desde fuera como destino turístico, pero vivido desde dentro como territorio vulnerable. Mientras muchos se detenían en el brillo de la postal caribeña, ella habitaba y escribía desde la crudeza de la amenaza y la dignidad de la resistencia. Esa dualidad se convirtió en el motor de su lucha y en la razón por la que su palabra sigue vigente.
Hoy, su voz no debe quedar relegada al archivo del duelo. Cada palabra suya debe impulsarnos a cuestionar, a exigir verdad y a abrir caminos hacia una justicia real. Su memoria es una invitación a escuchar las voces raizales y a acompañar la búsqueda de un futuro sin miedo ni silencios. Luz Marina Livingston merece que su legado permanezca en la conciencia pública. Su escritura no era un epitafio, sino un manifiesto vivo que describía con valentía la experiencia del miedo y la resistencia de un pueblo entero. Quienes hoy leemos sus palabras, nos reconocemos como herederos de su coraje y de su claridad.
En su último escrito en la revista Cambio, Luz Marina no hablaba solo de fantasmas, sino de un miedo que tenía carne y hueso, un miedo real que rondaba como amenaza latente en las islas. Ese texto, hoy leído tras su partida, adquiere una fuerza premonitoria, como si nos hubiera querido dejar advertida la magnitud del peligro que la comunidad enfrenta. Su ausencia nos deja preguntas hondas y un clamor inevitable: que se esclarezca si su partida fue natural o si se suma al silencio forzado de tantas voces raizales que la historia nos ha arrebatado.
Su memoria seguirá en cada denuncia que se levante, en cada acción comunitaria y en cada voz que se rehúse a callar. Que el mar que la vio partir lleve también su nombre en las olas y lo conserve en la conciencia colectiva. Siempre serás recordada, Luz, y condolencias no solo a tu familia, sino a cada uno de los raizales que sentimos profundamente el dolor de tu partida.
------------------
Este artículo obedece a la opinión del columnista. EL ISLEÑO no responde por los puntos de vista que allí se expresan.
------------------
Referencias
Cambio. (2025, 9 de octubre). Los fantasmas de las islas. Cambio Colombia. https://cambiocolombia.com/puntos-de-vista/articulo/2025/10/los-fantasmas-de-las-islas/
Infobae. (2025a, 10 de octubre). Dolor en Providencia por la muerte de Luz Marina Livingston: voz raizal y defensora ambiental. Infobae. https://www.infobae.com/colombia/2025/10/10/dolor-en-providencia-por-la-muerte-de-luz-marina-livingston-voz-raizal-y-defensora-ambiental/
Open Democracy. (2012, 23 de noviembre). Raizales: los grandes perdedores en el pleito entre Colombia y Nicaragua. Open Democracy. https://www.opendemocracy.net/es/raizales-perdedores-pleito-colombia-nicaragua/



















