
Llevar adelante con éxito un proyecto de trasvasamiento generacional, proceso en el cual los conocimientos y los valores pasan de una generación a otra, ya sea en una empresa familiar o en un contexto social más amplio y de extensa visibilidad, no es tarea sencilla de realizar.
Hablando del Green Moon Festival, en esta oportunidad es clave para sus fundadores garantizar la permanencia y el legado de la organización mediante un plan de acción signado además por la diligencia de gestionar cambios orgánicos, incluyendo la consideración de variados intereses.
De manera que, tomando en cuenta la celeridad del caso, lo que se logró con esta solución de continuidad es un resultado muy positivo que augura tiempos mejores…
La tarea esencial recién comienza. Salvaguardar la idea original que brilla con luz propia fue el primer paso, pero lograr la autonomía financiera para no depender más de los vaivenes de la parafernalia politiquera, es el segundo. También primordial.
Otros eventos globales con similares características y objetivos lo han logrado con creces y hoy disponen de presupuestos más holgados convertidos como corresponde en marcas de destino, amplias y participativas.
Por eso no se debe temer a las alianzas transparentes o a la incorporación de nuevos cuadros.
Una cosa es la fundación y otra el festival en sí mismo que –como se viene haciendo desde hace un lustro–, se debe ‘desestacionar’ con la realización paulatina de eventos para rematar con un certamen robusto y brillante a la luz de las estrellas, con figuras de la casa e invitados internacionales.
Para que el lema original de 1987, convertido en mandato espiritual que convocó a los isleños originalmente, continúe armonizando nuestras relaciones con todos los niños, mujeres y hombres del Gran Caribe –y allende los mares– en aquel ‘Abrazo fraternal de raza y cultura’.






















