
San Andrés fue sede del taller regional del proyecto ‘SargMarine’: una iniciativa clave para enfrentar el sargazo en el Gran Caribe, que contó con la participación de expertos de Panamá, Jamaica, República Dominicana y otros países de la región.
El encuentro se desarrolló los días 19 y 20 de junio, bajo la coordinación de la Corporación Ambiental Coralina y de la Secretaría de Servicios Públicos y Medio Ambiente del Departamento, quienes lideraron una mesa de trabajo, junto a entidades nacionales y regionales, para seguir avanzando en la atención de la problemática que genera la llegada masiva de esta alga a las islas.
En diálogo con Nacor Bolaños, coordinador de Áreas Protegidas de Coralina, el hecho de que Colombia fuera incluida como país beneficiario en este proyecto, financiado por el Fondo Mundial para el Medio Ambiente (GEF, por sus siglas en inglés), fue una labor titánica emprendida por la autoridad ambiental, que contó con el apoyo de la Cámara de Comercio y otras instituciones; y con el respaldo del Ministerio de Ambiente.
Esta es una iniciativa regional que hoy incluye a siete países del Caribe, afectados por esta problemática: Panamá, Jamaica, Granada, República Dominicana, Santa Lucía, Trinidad y Tobago y Colombia, cuyos representantes se reunieron junto a actores del sector turístico, pesquero, académico, institucional y social del Archipiélago, como un esfuerzo internacional hacia una gestión más efectiva del sargazo.
Arribazones atípicas
Dicho espacio permitió compartir experiencias sobre gobernanza, alertas tempranas, bio-negocios de economía azul y comunicación ambiental. Y, como cierre, se presentó esta iniciativa ante la administración departamental y otras entidades locales, marcando un paso clave para enfrentar esta situación que –según el biólogo Bolaños– ya trasciende lo ambiental y supera a otros aspectos, como el turismo, la salud y la pesca.
“Como se recordará, el sargazo ha llegado a las islas de manera eventual, en pequeñas cantidades; pero desde 2014 ha llegado en cantidades inusuales, y aunque hoy la gente ya sabe qué hacer y se tienen ciertos protocolos, las arribazones son cada vez más atípicas e incontrolables”, indicó el profesional.
El coordinador reiteró que esta apuesta internacional no contemplaba inicialmente a Colombia, pero que ante la gravedad de lo que está ocurriendo con estas algas pardas, se hicieron las gestiones respectivas para incluir al país como punto focal de los proyectos GEF y, específicamente, a la isla de San Andrés.
De esta manera se abrieron soluciones desde lo tecnológico, para la prevención y predicción de la problemática; pero también salidas puntuales, planteando los usos que se les pueden dar.
“De hecho se abrió una posibilidad con la Gobernación, a través de varias de sus secretarías, pues existe total interés en poder tener una solución real a estas arribazones masivas”, añadió el funcionario.
Amplios usos
Bolaños explicó que el sargazo tiene ya una amplia gama de usos, desde la fabricación de abono (es la más sonada), zapatos y telas, hasta su utilización en las industrias farmacéutica y cosmetológica, y para la obtención de biodiesel; entre otros.
La idea que se tiene en marco de este proyecto GEF –añadió–, es enfocarse en al menos en una de estas soluciones que sea factible en el Archipiélago; aunque enfatizó que no se trata de financiar un negocio relacionado con el manejo del sargazo, “o entregar un emprendimiento de este tipo, produciendo”.
“En el imaginario está que la Gobernación o que Coralina va a financiar un negocio de este tipo, pero no, este tipo de proyectos no funcionan de esta manera. Sabemos que en el mundo se están haciendo cosas de este tipo, pero lo que pretendemos nosotros es que alguien asuma este reto; porque no es labor de las autoridades poner a funcionar un negocio”, recalcó.
Esfuerzos multidisciplinarios
No obstante, lo que sí están haciendo es tratar de unir a la empresa privada con este tipo de iniciativas. En efecto, a la reunión asistió Randy Bent, gerente de la Empresa de Energía del Archipiélago (Eedas), dado que la compañía viene desarrollando un proyecto muy interesante, usando productos biodegradables para la obtención de energía a través de su incineración.
“Se trata de ‘Blue Energy’: un proyecto que suena bastante interesante, donde el sargazo podría ser parte de ese ciclo, y en el que esa empresa podría asumir la gestión de estas fácilmente. De hecho, durante el taller veíamos varios ejemplos, uno de ellos, donde los pescadores recogían las algas y se las entregaban a la empresa que las procesaba; así que sería una forma llamativa en que podríamos pensarnos una solución local”, expresó Bolaños.
Para finalizar, desde la Secretaría de Servicios Públicos, actualmente se está consolidando un documento PRODOC (documento de proyecto), que identifica las necesidades y propone soluciones frente al sargazo, desde un enfoque local y regional.
Como resultado de ello, se proyecta luego la construcción de una hoja de ruta pensada desde la realidad del Archipiélago, que permitirá unir esfuerzos, recursos y conocimientos, hacia una solución sostenible y adaptada al territorio insular.





















