
El 22 de junio se conmemora el Día Mundial del Suelo y la Tierra Fértil, para resaltar el valor fundamental de este recurso natural, esencial para la vida en el planeta; y para concientizar a todos sobre la necesidad de protegerlo para garantizar nuestra supervivencia.
De acuerdo con la Organización de la Naciones Unidas (ONU), más del 95% de nuestros alimentos proceden de la tierra, así como 15 de los 18 elementos químicos esenciales para las plantas.
Sin embargo, debido al cambio climático y a la actividad humana, los suelos se están degradando a una escala nunca antes vista. La erosión y su inadecuada gestión, ha alterado el equilibrio natural de la tierra, desaprovechando recursos hídricos y reduciendo la cantidad de vitaminas y nutrientes presentes en los alimentos que producimos.
Según cifras del mismo organismo, cada año, un área del tamaño de Egipto se degrada; y cada segundo, se deterioran tierras equivalentes a cuatro campos de fútbol.
¿Qué podemos hacer?
La ONU recomienda poner en práctica prácticas sostenibles de gestión del suelo, tales como la labranza mínima, la rotación de cultivos, la adición de materia orgánica y los cultivos de cobertura, lo que ayuda a mejorar la salud del suelo, a reducir la erosión y a fortalecer la infiltración y el almacenamiento del agua.
De igual forma, estas prácticas también propenden a la preservación de la biodiversidad del suelo, mejoran la fertilidad y contribuyen a la retención de carbono, desempeñando un papel crucial en la lucha contra la crisis climática.
Para el caso del Archipiélago, este tipo de acciones son más necesarias, dado que los resultados preliminares del Programa de Monitoreo y Seguimiento de la Degradación de los Suelos en las islas, fruto de una investigación del Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (IDEAM), que contó con el apoyo de la Corporación Ambiental Coralina, la Universidad Nacional de Colombia Sede Caribe, el Jardín Botánico de San Andrés, la Gobernación de las islas y el Instituto Colombiano Agropecuario (ICA), no son nada positivos.
Urgen medidas locales
Uno de los hallazgos evidenció que la isla de San Andrés presenta el 43,6% de sus suelos con algún grado de degradación, un 0,5% con erosión severa - muy severa, y un 21,2% con erosión moderada.
Así mismo, la isla de Providencia presenta el 52% con algún grado de degradación de suelos, un 1% con erosión severa y el 15% con erosión moderada.
En línea con lo anterior, el microbiólogo agrícola y técnico de la Secretaría de Agricultura y Pesca, Alexander Smith May, señaló que desde la cartera se ha evidenciado una disminución en la fertilidad de los suelos en San Andrés.
El profesional comentó que, luego de más de 50 muestreos, los análisis han determinado una “pérdida seria” de la fertilidad de los suelos y deficiencia de nutrientes, sobre todo en el sector de La Loma.
“Así que con mayor razón hay que activar y fortalecer distintas estrategias, donde se integren la producción y uso de bioproductos (de forma artesanal o de origen comercial) para nutrir los suelos y hacer frente a las plagas”, recalcó.
Fomento a las ‘bioayudas’
En este sentido, el funcionario comentó que en los últimos meses se vienen desarrollando talleres de capacitación, dirigidos a agricultores, técnicos agropecuarios y otros interesados en el tema, para fabricar bioinsecticidas y biofertilizantes, como alternativas ‘amigables’ con el medio ambiente, para combatir plagas como la cochinilla.
“En los talleres, los asistentes han aprendido a preparar biofertilizantes y bioplaguicidas a base de extractos vegetales o del hongo_Trichoderma koningiopsis y otros hongos entomopatógenos. Además, se les enseñó a preparar compost y a multiplicar micorrizas (para proveer el fósforo que no está tan disponible en el suelo), con residuos orgánicos e inoculantes biológicos”, explicó.
Smith May resaltó que este tipo de alternativas son métodos sostenibles, que están totalmente alineadas con el deber-ser en una reserva de biosfera como la nuestra, para garantizar la protección de sus frágiles ecosistemas.
Lo propio viene desarrollando desde hace varios años la agricultora sanandresana Inés Celis Steele, quien dijo que para ella no existen las plagas, sino suelos desgastados y faltos de microorganismos y de materia orgánica, que fortalezca las plantas para que ellas mismas puedan defenderse “de una visita inapropiada”.
“En el campo nadie conoce todo completamente, así que cada día uno sigue aprendiendo, a partir de la misma naturaleza. Por ejemplo, para mí la cochinilla ha sido un desafío: de seis guayabos, acabó con tres; pero sigo dándole la pelea sin usar químicos, sino con una mezcla de ajo con ají, y en ocasiones con lejía y hojas de Neem”, narró la isleña raizal.
'Alimento' para el suelo
Adicionalmente, indicó que en su parcela hace humus con lombrices californianas de manera muy artesanal, empleando para almacenarlo varios baldes de ‘pig tail’ reciclados. También mencionó que hace compostaje con las hojas que recopila de su patio, agregandole gallinaza y/o boñiga (de vaca y de caballo) que recoge de los alrededores,
“Con estos ‘preparados’ es que alimento a mis verduritas y a mis plantas, y con eso le agrego vitaminas para regenerar los suelos que están tan desgastados; y en realidad uno ve el resultado en las frutas y en las hojas. En esa medida vamos aprendiendo cada día, luchando además con el clima, porque en ocasiones llueve mucho o de repente hace mucho calor; así que ese es otro de los retos nuestros: irnos acondicionando a lo que se vaya presentando día a día”, concluyó la agricultora.
(Foto: cortesía Alexander Smith May)





















