
‘Maravillas oceánicas: sostener lo que nos sustenta’ es el tema del Día Mundial de los Océanos, impulsado por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) este 2025, para recordarnos, como cada 8 de junio, nuestra conexión profunda con el mar y para instarnos a su protección.
Es ampliamente conocido que el océano cubre una amplia porción de nuestro planeta, y que es fuente de vida, hogar de múltiples especies y el sustento de cientos de poblaciones en todo el mundo.
El océano es parte fundamental de nuestra vida, residamos donde residamos, puesto que produce el 50% del oxígeno que respiramos, alberga la mayor parte de la biodiversidad del planeta y es la principal fuente de alimento de millones de personas.
Restauración ecosistémica
Por lo anteriormente descrito, por los muchos beneficios que nos entrega, es casi redundante recalcar cuán importante es trabajar en pro de la conservación de los océanos, indiferentemente de nuestro quehacer o rol en la sociedad.
Precisamente, y con motivo de esta importante fecha, EL ISLEÑO dialogó con el biólogo Ernesto Mancera, quien junto a la Sede Caribe de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) trabaja en una iniciativa de restauración de pastos marinos, en marco de un proyecto macro relacionado con la Gestión del Riesgo en el Archipiélago.
El profesor del Departamento de Biología de la Sede Bogotá de esta institución educativa, quien es doctor en Biología Ambiental y Evolutiva, explicó que decidieron trabajar con praderas marinas dado que esta vegetación acuática, al igual que los manglares, son excelentes reteniendo carbono, por lo que son perfectos aliados para la mitigación del cambio climático.
“Pero también porque son soporte de biodiversidad, y porque ayudan a fijar sedimentos, contribuyendo a mitigar la erosión costera; y como la erosión tiene que ver mucho con la gestión del riesgo, y con todo aquello que hay que hacer para proteger las islas, nació el interés de emprender la restauración ecosistémica de los pastos marinos”, agregó.
El profesional recalcó que el Archipiélago, al integrar islas oceánicas y tan pequeñas, lo hace muy vulnerable a eventos naturales extremos, los cuales se están presentando más frecuentemente y más fuertemente debido a la crisis climática; y destacó que por eso hay que tomar medidas urgentes, como las ‘soluciones basadas en la naturaleza’ relacionadas con la restauración (ya sea de manglares, corales o pastos); un proceso clave, por los servicios ecosistémicos que nos brindan.
La importancia de la cooperación
En línea con lo anterior, la Sede Caribe, y puntualmente la profesora Adriana Santos, formuló una propuesta al Sistema General de Regalías para la gestión del riesgo en San Andrés, vinculando a un número considerable de entidades para desarrollar acciones en distintos frentes.
“Además, para tener un manejo inteligente de este patrimonio natural; porque en estos casos cabe un principio importante, y es que ‘cooperar’ es más inteligente y más productivo que ‘competir’. Por eso nos unimos desde la sede Bogotá, con la de Medellín a través del CEMarin, Coralina, la Gobernación, Infotep, Dimar, el Laboratorio al Campo; y socios internacionales, con colegas de México y de Alemania, y de la Universidad Estatal de Florida”, detalló Mancera.
El biólogo comentó también que en cualquier proceso de restauración, es fundamental tener en cuenta tres ejes clave: el ecológico, el económico y el social. El primero, para que los ejecutores estén seguros de que las técnicas implementadas funcionen; y la segunda porque, para que un proyecto de esta envergadura sea sostenible, tiene que involucrar a la comunidad y, principalmente, a los actores relacionados con la problemática.
“La otra parte fundamental es la económica, porque, ¿cuál es el órgano más sensible del cuerpo humano? pues el bolsillo; y en la medida en que podamos darle una dimensión económica al proyecto, podremos darle continuidad. De lo contrario, se hace insostenible”, recalcó.
¿Cómo se está desarrollando?
El sitio donde están trabajando los investigadores es en Haynes Cay, un atractivo turístico ampliamente frecuentado por los visitantes y en el que encontraron un proceso de erosión muy avanzado.
“En algún momento, allí la pradera se fracturó seguramente por el paso frecuente de embarcaciones, razón por la cual la corriente de agua se lleva los sedimentos de manera notoria, quedando los pastos a la deriva. Esta situación se ha ido agravando con el paso del tiempo, y es drástica la pérdida de la pradera en los últimos 20 años”, anotó el profesor.
Dada esta problemática, el equipo ideó una técnica piloto que consiste en poner un material de soporte, que reemplaza temporalmente los sedimentos que requieren los pastos para afianzarse en el lecho marino.
La solución (temporal) consiste en poner costales de yute llenos de arena: un material orgánico muy manejable, pero que dura solamente seis meses, porque al ser natural se degrada y se pierde.
“O sea que en esos seis meses, lo que hacemos es motivar a que crezca el pasto sobre los costales; y sobre todo, a que se mantengan. Entonces en eso estamos: haciendo ensayos con el material caído, y en el centro de la pradera, con resultados hasta ahora satisfactorios; pero repito, se trata de una prueba piloto, por el momento, y ahora el principal reto será hacerlo a una escala mayor”, agregó Mancera.
Ampliar la escala es otro de los desafíos que tienen los ejecutores del proyecto, puesto que esta labor de restauración ‘activa’ toma mucho tiempo, dado que –en palabras del investigador principal– aunque las hojas crecen muy rápido, las raíces lo hacen lentamente. De hecho, para recuperar una hectárea de pradera marina, se requieren más o menos ocho años.
Sembrando confianza
En cuanto al componente social, el biólogo señaló que como son distintos actores directos, involucrados en esta apuesta ambiental, tuvieron que emprender, al comienzo, un proceso basado en la confianza pero buscando la sensibilización de estas personas.
“Para entrar a los pastos hay cierta prevención, porque el decir general es que “allá hay cosas que pican” o que son “peligrosas”. Así que la sensibilización, acerca de la importancia de este ecosistema es fundamental; y es en eso en lo que estamos trabajando, mediante talleres, para conocer qué saben estas personas de la comunidad —que se han sumado al proyecto—, sobre los pastos o qué quieren saber”, dijo.
Parte de lo que se les explica es que, siendo Haynes Cay altamente frecuentado por turistas, atraídos por los coloridos pececitos que frecuentan el sector (conocido popularmente, a propósito, como ‘El Acuario’), es trascendental cuidar las praderas para que estas especies sigan nadando allí, porque necesitan de esta vegetación.
“El problema no es tanto que el turista camine sobre los pastos, porque donde estamos trabajando es a 4 metros de profundidad; el reto radica en controlar el paso de lanchas, que en ocasiones anclan cerca de las praderas, arrastrando sedimento; o a los pontones, que se asientan en estas áreas por horas, afectando la fotosíntesis de estas plantas, por el ensombrecimiento que producen en el área donde se ubican”, expresó el biólogo.
El investigador manifestó, igualmente, que hay otros actores sociales relacionados con el turismo —principal renglón de la economía de San Andrés—, y que con ellos es clave el tema de la sensibilización y el de concientizarlos sobre la necesidad de generar una actividad económica, alrededor de este ecosistema y de su cuidado
“Queremos que haya una actividad económica tipo ‘negocio verde’, que consistiría en traer a los turistas a ‘caretear’ en esta zona de pastos marinos, para mostrarles el proyecto, indicarles la importancia de ellos, y todo el esfuerzo que se está haciendo para restaurarlos, con el objetivo de que los visitantes se sensibilicen también”, comentó.
'Negocio verde'
Para finalizar, Mancera mencionó que con las posadas nativas (otro eslabón importante en la cadena turística) también están adelantando un proceso interesante. De hecho, el pasado 3 de junio hicieron un taller conducente a la elaboración de una cartilla.
“Estas personas están siendo asesoradas por nosotros, pero la construcción va a ser de ellos; así, sin imponerles nada, porque ellos también están viendo el problema y porque tienen el conocimiento necesario para construir este material divulgativo, que utilizarán para que cuando llegue el turista ellos puedan explicarle por qué son tan importantes los pastos marino”, acotó.
La idea es que ello también haga parte de ese ‘negocio verde’ que se está proyectando, y que tendrá que generar un recurso económico que le quede a la gente y para (es lo que se espera) ir armando un fondo que permita continuar con el proyecto de restauración como tal.
“Son muchos los retos a sortear, pero creo que vamos bien; es un proceso relativamente lento, pero creo que estamos dando pasos seguros. Al proyecto global, el que desarrollamos con las demás entidades, le queda aproximadamente un año de recursos y, por ende, de trabajo; por eso hemos hecho nuevas solicitudes y postulación a otras convocatorias, para buscar nuevos financiadores que permitan darle continuidad a esta iniciativa, que es de todos y para todos”, concluyó el biólogo.
(Foto: cortesía)





















