En efecto, sus previsiones para esta época en el mar Caribe –que se extiende del primero de junio al 30 de noviembre–, señalan que: 1) habrá una temporada casi normal, con un 30% de probabilidades; 2) superior a lo normal, con un 60%; y 3) inferior a lo normal, con un 10% de probabilidad.
De esta manera, la agencia pronostica, con un 70% de confianza, el rango tormentas con nombre (vientos de 63 km/h o superiores), de las cuales entre seis y diez se convertirían en huracanes (vientos de 119 km/h o superiores), incluyendo entre tres y cinco mayores (categoría 3, 4 o 5, con vientos de 179 km/h o superiores).
Para suplir esta amenaza latente, el Gobierno de San Andrés cuenta en principio con 21 albergues temporales, los cuales están distribuidos por diferentes sectores buscando ofrecer protección a la mayor cantidad de personas; proporcionando refugio transitorio a quienes resulten afectados directamente por una emergencia o calamidad.
Al respecto, la entidad territorial advirtió que la población debe estar mentalizada. “Nos articulamos con todas las instituciones que hacen parte del Comité de Gestión de Riesgos para evaluar cómo estamos día a día ante estos eventos climáticos”, dijo el gobernador Nicolás Gallardo al término del último recorrido por los refugios asignados.
Sin embargo, la clave está en la primera parte del mensaje: cada uno desde sus hogares debe estar mentalizado, es decir preparado para poder soportar un evento climático adverso que puede durar de 24 hasta 48 horas impactando altamente servicios públicos, vías de locomoción, comunicaciones, suministro de agua, víveres y otras calamidades.
La consigna es clara y la experiencia también. Una población que en los últimos cinco años ha soportado y sobrevivido a tres eventos de máxima intensidad como el Eta, el Iota y Julia, debería estar consciente y resiliente para afrontar cada temporada. ¿Lo estamos? Hay que aprovechar cada minuto para comprobarlo.






















