
Se trata de un proyecto de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes y la Gobernación Departamental, donde se busca el rescate de las tradiciones culinarias del Archipiélago por medio de un proceso de acompañamiento permanente.
El programa se inscribe en la política para el conocimiento, salvaguardia y fomento de la alimentación y cocinas tradicionales de Colombia, impulsada por el Ministerio de las Culturas cuyo objetivo es valorar y cuidar la diversidad y riqueza cultural de los conocimientos, prácticas y productos alimenticios de las cocinas tradicionales del país.
Lo anterior como factores fundamentales de la identidad, pertenencia y bienestar de la población, así como propender por una alimentación saludable y sostenible y una autonomía alimentaria de las comunidades como fuentes de paz y desarrollo.
En este contexto, se han adelantado distintos acercamientos con cocineros de las islas, artesanas y representantes de la identidad del pueblo étnico raizal para establecer puentes que permitan, además de conocer sus sentires sobre la cocina local, impulsar estrategias que permitan que estos conocimientos sean transmitidos de generación en generación.
Del mismo modo, se busca establecer cuáles son los riesgos a los que se enfrenta el patrimonio del Archipiélago, los cuales se componen desde la pérdida de las tradiciones hasta la inclusión de algunas tecnologías que han ido deformando las costumbres propias de la región.
Perspectiva de género
Estos encuentros se hilvanan además con una perspectiva de género que permite poner de manifiesto que la salvaguarda de la cosmovisión isleña debe acompañarse con la lucha contra la discriminación y el patriarcado.
De esta manera se han alimentado discusiones sobre cuáles son los platos típicos que recuerdan los participantes de su infancia y hasta qué punto se han mantenido en el tiempo estas preparaciones, llegando a conclusiones como la dieta del territorio insular y la forma de cocinar han cambiado.
“Esta actividad de fortalecimiento del patrimonio gastronómico busca que los actores comunitarios y sociales puedan impulsar sus capacidades para proteger los saberes propios de San Andrés, Providencia y Santa Catalina. Condensamos reflexiones de memorias alimentarias para construir sobre ello”, dijo Diana Cardozo, profesional especializada de la FAO.
Igualmente, explicó que próximamente adelantarán acciones similares con niños y niñas para fomentar el relevo generacional e ir introduciéndolos al proceso de resistencia étnica a través de cursos y formaciones de cocina en vivo.
Por otro lado, Francisco Escalona, cocinero tradicional de las islas, explicó que este tipo de iniciativas son fundamentales para mantener vivo el legado de los antepasados raizales que marcaron un derrotero culinario que, a pesar de los inconvenientes, se mantiene incólume hasta hoy.
“Hemos aprendido mucho. Lo más importante es que un encuentro de saberes, nos demuestra lo valioso que somos. Estamos reunidos agricultores, artesanos, cocineros y demás: es un ejercicio de reafirmación de lo que somos como etnia”, concluyó Escalona.





















