
El sábado 15 de marzo, el Cuerpo de Bomberos de San Andrés encabezó junto a otras autoridades, un vigoroso operativo para sofocar el incendio en un basurero a cielo abierto ubicado en un sector escarpado de Orange Hill. Un enorme cráter que –según las primeras hipótesis– se estaría utilizando como sitio encubierto para quemar desechos.
Este suceso concuerda con el llamado urgente de los organismos de socorro de cuidar el agua y evitar hacer quemas en el territorio insular, debido a sus consecuencias ambientales. Prácticas ‘inofensivas’ que van desde la usual preparación de terrenos para la siembra hasta la supresión de desechos que han provocado serios incidentes en el archipiélago.
Aún están calientes los recuerdos de la grave conflagración en El Peak de Providencia que se inició el 20 de mayo de 2023 en plena estación seca y que se atribuyó a dichas prácticas. Las gigantescas llamas que ardieron más de cuatro días debieron ser sofocadas hasta con helicóptero y según Coralina hubo una afectación cercana a las 9.8 hectáreas en este parque natural.
Tampoco se olvidan las innumerables conflagraciones en el relleno sanitario Magic Garden o el depósito de llantas y desechos de linea blanca del llamado ‘Punto Verde´, cercano al muelle departamental; todas situaciones de emergencia generadas por los motivos enumerados más la posible influencia de vidrios, materiales inflamables y hasta manos criminales.
Tras el suceso más reciente, el Capitán de Bomberos, Willie Gordon Bryan, catalogó el incidente como crimen ambiental debido a las consecuencias y las pistas halladas. “Alguien hizo el cráter –afirmó– que se está utilizando para traer basuras de otros sectores, incluso de hoteles. La corporación ambiental Coralina debe iniciar las investigaciones pertinentes y lograr las sanciones correspondientes”.
Todo este lamentable suceso y el relato naturalizado de este tipo de acciones que bordean el delito y desbordan la capacidad de respuesta local nos llevan a plantear –una vez más– si el modelo extractivista que en muy buena parte pervive en San Andrés es el que realmente se merece un espacio declarado como reserva mundial de biosfera hace más de dos décadas.






















