
El lunes 12 de octubre de 2012, durante la semana de receso estudiantil, se presentó –quizás– el primer rebosamiento del alcantarillado en la vía peatonal Providencia generando un campanazo de alerta que este periódico registró con la caricatura del artista_Sandfly, que ilustra este Editorial. Hoy, más de doce años después, todo sigue igual. O peor, porque todo lo que no mejora, empeora.
Al respecto, el gobernador Nicolás Gallardo Vásquez, ha anunciado el pronto inicio de las obras públicas que incluyen la intervención de la red sanitaria subterránea para corregir el problema y erradicar los numerosos e incómodos rebosamientos a cielo abierto, haciendo frente a las numerosas y razonables quejas de residentes y visitantes.
El sector turístico, motor principal de la economía insular, está en observación. Los rebosamientos afectan no solo la calidad de vida de los locales, sino también la imagen de la isla como destino turístico. Los visitantes se ven expuestos a condiciones insalubres que amenazan la viabilidad de la industria en la región.
Además, dicha situación derivada del colapso del alcantarillado representa también un riesgo para la salud pública. La posibilidad de enfermedades transmitidas por aguas residuales es un peligro latente si la situación persiste. Por eso es necesario tomar medidas que garanticen la salud tanto de residentes como de turistas.
Así las cosas, es preciso actuar con velocidad y eficacia. Las inversiones para mejorar la infraestructura y asegurar una disposición adecuada de las aguas residuales no pueden esperar más. San Andrés necesita soluciones sustentables para proteger la salud pública y mantener su atractivo como destino turístico, seguro y sostenible.






















