Confluyen hoy dos motivos bellísimos; el domingo, día del Señor, y el 8 de diciembre, día de la Madre Inmaculada del Señor. El Hijo Santo de Dios y su santa Madre, aparecen juntos como centro del Adviento._El Santo de los Santos, el Mesías, el Hijo eterno del Padre, el Redentor de la humanidad no podía ser concebido sino en un vientre virginal, lleno de gracia; sólo ahí encuentra una digna morada.
Reflexionemos en una de las principales imágenes del adviento: la Virgen María, a la que él ángel llama “la llena de gracia” (Lc 1, 28). Estamos frente a una mujer excepcionalmente grande tanto en su humanidad como en su espiritualidad. En ella brillan las propiedades trascendentales del ser humano: la unidad, la verdad, la bondad y la belleza, definidas por la filosofía y alimentadas por la espiritualidad cristiana. Descubramos esas propiedades en María, Inmaculada.
Comencemos hablando de la unidad. María es una persona íntegra, unificada, no hay en ella grietas o trastornos humanos ni espirituales; es una mujer compacta, sólida, como roca firme, con una personalidad definida, cuidadosamente tallada con los valores humanos que le dan dignidad y con el cincel del maestro divino, que la hace Hija predilecta de Dios.
Cuánto necesitamos trabajarnos en la unidad. El mundo requiere de personas sólidas, íntegras, fuertes, valientes, luchadoras, comprometidas y apasionadas por el bien, que no se dejen agrietar ni quebrar al menor golpe. El cristianismo se construye sobre la base de un buen humanismo.
En segundo lugar, María es buscadora de la verdad y promotora de la verdad que libera y hace grandes a los seres humanos y a los pueblos. No teme preguntar al ángel y aclarar sobre la propuesta de ser la madre del Señor, no teme confrontar su verdad con la verdad de Dios, y cuando encuentra puntos en común, no duda en dar su sí. La verdad nos hace libres. Dice el Papa Francisco, María es una mujer libre de sí misma, orientada a Dios y a los demás.
En un mundo de falsas noticias, propagandas engañosas, y apariencias, necesitamos trabajar la verdad. Las sociedades necesitan verdades sólidas y duraderas en el tiempo. Las ideologías son pasiones de momento, pero no verdades capaces de sostener a los pueblos. Las verdades sobre Dios, el hombre y el mundo son la base para construir sociedades libres.
En tercer lugar, María es una mujer con un corazón bueno, sin asomo de maldad ni pecado. Cuando el ángel la ensalza por ser llena de gracia, ella sabe que la bondad de su corazón no es mérito y esfuerzo propio solamente, sino, ante todo, es don de Dios quien hace maravillas a pesar de sus debilidades. Así, María se hace partícipe de la bondad del corazón de Dios. Ella es buena porque Dios es bueno, y se dedica a obrar el bien a todos sin importar condición.
El daño más terrible es la corrupción del corazón. La corrupción nos desbarata y nos conduce a la desgracia y al sin sentido. Adán y Eva dejaron corromper su corazón, ahora se esconden de Dios y se culpan mutuamente (Cfr. Gn 3, 9 – 15). La corrupción es el cáncer de la sociedad. Cuánta necesidad de llenar el corazón de la bondad de Dios. Mientras no sea Dios quien ponga su bondad en nuestro corazón, seguiremos a expensas de corazones dañados y corruptos. La bondad del corazón es el remedio urgente para nuestros pueblos, y esa bondad solo la puede aportar nuestro Creador si le abrimos la puerta del corazón.
En cuarto lugar, María es una mujer bella en toda la extensión de la palabra, tanto que todo un Dios se recrea en tan graciosa belleza. En términos del Arcángel san Gabriel, María es la llena de gracia. El Papa Francisco se goza hablando de la belleza del corazón de María, dice que allí no hay maldad, ni pecado, es inmaculada. No hay orgullo, sino asombro, porque se siente pequeña por dentro, y esa humildad atrae la mirada de Dios. En la casita humilde de Nazaret, palpitaba el corazón más grande que una criatura haya tenido jamás. Dios para hacer maravillas no necesita de habilidades extraordinarias, sino de nuestra humildad.
Lo estándares de belleza que promueven solamente el cultivo del cuerpo, de la exterioridad, y de la apariencia están causando una de las peores tragedias humanitarias, están destrozando a la persona en su interioridad y rompen su unidad y su trascendencia. Es urgente buscar la belleza de cada persona, pero en todas sus dimensiones.
María es el orgullo de nuestra raza, lleva un se entrañas de madre la perla más preciosa. Cuentan que una ostra dijo a su vecina:
- Siento un gran dolor en mis entrañas. Es como un peso dentro de mí que me está dejando completamente exhausta.
Contestó la otra con presunción y regodeo:
- Gracias al cielo y al mar, yo no siento dolores. Estoy bien y me siento sana por dentro y por fuera.
Pasaba en aquel momento por allí un cangrejo y oyó la conversación de las dos ostras. Y dijo a la que se sentía bien y sana por dentro y por fuera:
- Sí. Tú estás bien y te sientes sana por dentro y por fuera. Pero el dolor que tu amiga lleva dentro de sí es una perla de belleza extraordinaria.
María dispone sus entrañas para recibir el hijo de Dios, que es la perla preciosa; eso le implica sacrificio, pero el fruto precioso será Jesucristo nuestro Salvador. En ella se cumple lo escrito por san Pablo a los Filipenses: “Así llegarán al Día de Cristo limpios e irreprochables, cargados de frutos de justicia, por medio de Cristo Jesús, para gloria y alabanza de Dios” (Fil 1, 11).



















