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Cien días de timidez

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HAROL.BUSH2Al cumplirse los primeros 100 días es inevitable que la sombra del pasado y las expectativas del futuro fijen parámetros para una evaluación que pueda prever el desempeño en los próximos 1360 días de un gobierno departamental que da la impresión de que aún no se ha instalado cómodamente.

Los primeros 100 días normalmente se aprovechan con anuncios y acciones para generar una buena impresión, asegurar confianza ciudadana, manejar y controlar la incertidumbre, construir puentes y no armar barreras, prolongar el optimismo dejado por los resultados electorales y mantener las expectativas ciudadanas en escalas positivas.

Pero la ausencia de mucho de lo anterior llevó al desaprovechamiento de la corta ‘luna de miel’, que puede ser resultado del estilo de un gobierno que quiere tomar su tiempo. O puede ser que la débil capacidad institucional y los ‘chicharrones’ que se heredaron han absorbido demasiado tiempo…

En el peor de los casos puede ser que estamos viendo un barómetro de las prioridades del poder y un realineamiento de las preferencias institucionales y misionales del gobierno.

Solo el tiempo y los resultados descifrarán el enigma. Sea lo que fuere, la incertidumbre y la ausencia de enfoque y acciones están incentivando angustia y desaprobación ciudadana y hace que el optimismo vaya cediendo terreno a más incertidumbre. Hay un mensaje confuso que no cuadra con las promesas hechas, la vigorosidad proyectada o con las necesidades.

Sin embargo, si bien la timidez en abordar los temas de relevancia y de urgencia puede ser de momento señal de virtud y aptitud institucional para luego actuar seguro y a todo vapor, también puede ser indicio de debilidad, inseguridad, intimidación y nerviosismo gubernamental frente a situaciones muy complejas que requieren aproximaciones no ligeras sino bien seguras y consistentes que son difíciles de asegurar.

Puede ser también que esa timidez obedece un estilo de trabajo de un gobierno de gente de pocos resultados en trabajos previos. De hecho, los problemas ya están exponiendo el lado amateur de ese equipo. Ello cobra mayor sentido si tenemos en cuenta de que el diseño de gobierno no estuvo bien pensado y no hubo ni hay aún una estrategia de gobierno.

El lado positivo

El lado positivo es que se anticipa que los primeros 100 días sirvieron para armar los pilares de lo que será el plan de gobierno y para asegurar control efectivo de los resortes de la administración departamental. Seguro que ha habido un ‘reality check’ tras una modulación y ajuste frente a la dimensión de lo encontrado.

El periodo de aprendizaje debe servir para corregir errores, generar mayor confianza e inyectar celeridad, claridad y realidad a la promesa de transformación, de transparencia, de manejar mejor las expectativas ciudadanas.

Todos queremos que las cosas vayan bien. No nos sirve otra debacle político-administrativa que se evita sin errores y sin vacíos de gestión, cuyos costos sociales son demasiado altos y hunden más a las islas en el sufrimiento.

Los vacíos atraen a los amigos del bien público que seguro ya se arremolinan como murciélagos intentado crear espacios de fracaso y en consecuencia más penuria social con la extracción personal de un proyecto social y político que recibió el voto más grande en la historia de las islas y que, sin embargo, debe demostrar más resolución porque la prioridad es paliar la crisis y eso no se logra con timidez administrativa.

Es imposible solucionar nuestros problemas en solo un 7% de los cuatro años, pero sí es necesario ver señales esperanzadoras y decisiones basadas en un plan de acción con su seguimiento y sus mecanismos de coordinación, con un foco estratégico y, muy importante en el contexto de las islas, con un efectivo control ciudadano e institucional.

Los planes deben convertirse rápidamente en acciones y también en victorias y resultados que generen impactos para evitar tener que crear un panteón de los fracasos públicos.

Nos conviene que no haya otra administración zombi sin sensibilidad social que enfatiza contratos de mega obras y no micro soluciones que impactan. Que no se use la estrategia de la zanahoria para los intereses económicos y políticos y el garrote para el isleño trabajador. Que se acabe el trato elitista y distante de acciones gubernamentales que no llegan a escenarios sociales y desestiman sus impactos.

Una vez cruzada la barrera de los 10O días este 9 de abril, hay pocas excusas que valgan para que las cosas no avancen. A medida que pasa el tiempo y se ejecutan las labores institucionales, el deseo de todos es que la incertidumbre y la timidez vayan cediendo y las islas vayan mejorando.

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Este artículo obedece a la opinión del columnista. EL ISLEÑO no responde por los puntos de vista que allí se expresan.

 

 

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