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Corn Islands: nuestro pasado raizal y futuro caribeño

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Diez datos sobre Corn Island, la isla paradisíaca que fue utilizada como  cárcel

Las vecinas Corn Islands son el eslabón más importante que une nuestro pasado raizal con la prometida reconexión e integración al Caribe y nuestras aspiraciones de reivindicación étnica con las posibilidades de progreso socioeconómico para todos los isleños._Informe especial

Por eso deben jugar un papel fundamental en la estrategia nacional caribeña que aún está en diseño, que nos aseguran será proyectada desde San Andrés y que no puede ser ajena a la historia y a las las necesidades isleñas.

En ella esperemos que las generosas intenciones expresadas y las aspiraciones urgentes se conviertan en realidades, se priorice nuestra conexión con el Caribe anglosajón y no nos subordinen a una estrategia macro con pocas posibilidades de favorecernos yendo dirigida hacia un Caribe muy heterogéneo.

Todo plan tendría una seria falla logística si no va acompañado también de una estrategia transfronteriza con Corn Islands y no aprovecha el considerable espacio económico que integran esas islas junto con Bluefields y toda la costa atlántica sur nicaragüense, muy rica en productos alimenticios que podemos adquirir favorablemente para bajar el costo de vida y surtir, incluso, la demanda de nuestro sector hotelero.

Sin todo lo anterior se expone una debilidad inherente y una legitimidad dudosa, porque se negarían a las islas y a los isleños potenciales beneficios de una apertura diplomática y económica asociada al posible fin del diferendo con Nicaragua que tanto dolor nos ha traído e impediría subsanar las heridas que ha dejado el fallo de La Haya y el abusivo trato histórico del estado colombiano a la comunidad raizal.

Como asegura el refrán inglés, ‘El diablo estará en los detalles’, al cual se podría agregar que la preocupación está en las expectativas porque las pasadas estrategias caribeñas usaron a las islas pero no las beneficiaron. Por eso hay dos aspectos que inquietan.

El más importante es el peso de la historia. Todas las estrategias anteriores en vez de posicionar a San Andrés como ‘punta de lanza’ de Colombia hacia el Caribe, arrojaron a nuestras islas a la punta de olvido. Los esfuerzos de política exterior colombiana históricamente ha descuidado al Caribe y a las islas porque tenían más un interés nacional que en atender preocupaciones isleñas.

Como, por ejemplo, cuando se confirmaron la pérdida de Panamá y las Corn Islands. En realidad, Colombia solo comenzó a interesarse en el Caribe en los 80s por las preocupaciones geopolíticas derivadas del reclamo de Nicaragua, por el narcotráfico y por sus esfuerzos en el Grupo de Contadora debido a la conexión con la política de seguridad interna asociada a la lucha guerrillera.

La iniciativa caribeña de ahora se asocia de nuevo a la prioridad política interna de la paz que va conectada a una estrategia externa de reconciliación, como también con el interés presidencial de un retorno al histórico e irrestricto apego al derecho internacional que exige la aceptación de los fallos de La Haya tras un período de desacato. En ese esquema es esencial la reconciliación con Nicaragua.

Ello hace válida la pregunta de si se estaría sacrificando intereses de las islas, sin una mejora visible de las mismas, por la urgencia de poner fin al diferendo para asegurar objetivos nacionales.

La segunda preocupación es precisamente la falta de garantías de beneficios para las islas por la ausencia de compromisos estatales sólidos y específicos. Esto porque el interés nacional en las islas se ha reducido a las comparecencias en La Haya y la falta de presiones y descontento en las islas, similar a las que hubo en 2012. Hemos perdido peso en las consideraciones estratégicas y geopolíticas nacionales, y en consecuencia en la urgencia de acciones y dinero del presupuesto nacional.

Esa pérdida se haría más evidente con fin del diferendo si Colombia reconoce las aguas a Nicaragua, aunque ello podría también justificar más atención e inversiones a las islas por cuanto tendría aún peso en el esquema estratégico por la necesidad de fijar nuevas fronteras con todos los países caribeños con las cuales tenemos fronteras marinas.

Énfasis económico

Es imperativo de que nos aseguramos de que el cambio de política nacional en relación al diferendo no nos desfavorezca. Y además de que la aspiración presidencial de armonía regional venga acompañada de algo de desarrollo más respeto a nuestra historia y riqueza cultural y ambiental.

Por ejemplo, en palabras de Rudolf Hommes, Colombia debe compensar o neutralizar lo que se ha perdido en La Haya con ‘replantear la estrategia de desarrollo del Archipiélago y cambiar su visión de lo que las islas significan para Colombia’.

Las facilidades de acercamiento y profundización de relaciones de todo tipo con Corn Islands y todo el Caribe son ahora muy sólidas. Porque son irrelevantes las visiones geopolíticas y de seguridad y soberanía nacional impuestas en los 80s y por eso ya no se bloquean o se niegan las dimensiones sociales, culturales y económicas de la conexión con Corn Island y la región.

Se levantarían barreras económicas y culturales innecesarias que nos perjudicaron y ahora hay una visión que busca confirmar el territorio nacional con políticas de desarrollo que acercan a las islas más a nuestro país con la consolidación de sus conexiones culturales y económicas con países colindantes. Nuestra frontera azul debe ser ahora una frontera de contacto, de relaciones de confianza con una misión de desarrollo.

En ese contexto, si bien los espacios fronterizos son espacios sociales que benefician lo raizal, también son espacios económicos y de cooperación que benefician a todos los isleños. Por eso el prometido acercamiento a Corn Islands no solo anima esperanzas de la reivindicación étnica sino que también abre espacios de cooperación y enlace económico para el desarrollo. Desde luego también el manejo de temas comunes.

Por eso es necesario centrarse más en la administración del área perdida y en forzar caminos de cooperación y de desarrollo, en garantizar derechos ancestrales de pesca y, claro está, en protección y conservación ambiental.

Algo de acción inmediata y de beneficio de todos los isleños es facilitar el intercambio y circulación económica y de gente, que los espacios y esquemas fronterizos permiten por ley para todas las otras zonas de frontera y hacen parte de los programas institucionales nacionales de integración colindante que se desarrolla en el marco de las diferentes comisiones de vecindad.

Para hacer realidad todo ello, la Gobernación de San Andrés debe salir de su letargo institucional y jugar un papel importante, como hacen otras gobernaciones en las otras zonas de frontera. Podría comenzar creando una ‘Oficina de Asuntos Caribeños y comenzar a dialogar con Corn Islands y los otros espacios de nuestro interés.

Última actualización ( Lunes, 20 de Noviembre de 2023 04:25 )  

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