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Plan de rescate para San Andrés

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En primer reto del nuevo Gobernador debe ser implementar un plan de rescate. En la mente de todos está uno con participación y hasta intervención nacional, justificada por una sensación de inhabilidad local que solo ha inducido desorden y estancamiento, que podrían agravarse por la indómita corrupción, gobiernos caóticos y una escandalosa inhabilidad institucional. 

En tal sentido, una mayor injerencia nacional para atender nuestros problemas no es una idea nueva ni descabellada.

El Plan Archipiélago fue un 'plan de rescate' que nada rescató. Esos planes también están de moda ahora en el gobierno nacional, que implementó uno para la Guajira y seguro vendrán más para áreas periféricas, como nuestras islas, donde empataría perfectamente con la estrategia de desarrollo regional con que nos ilusionan desde Bogotá: si hablamos de acercamiento al Caribe como impulso al desarrollo, es necesario también hablar de acercamiento a Colombia que es responsable de nuestro desarrollo y es donde reside la mayor obligación con las islas.

La reivindicación raizal ha hablado siempre de establecer una nueva relación con el país que sea más fructífera y eso lo podríamos reencauzar hacia una mayor responsabilidad nacional sustentada en la deuda histórica y socioeconómica que tiene la nación con la comunidad raizal pero también con el resto de isleños, muchos de los cuales también son afrocolombianos y también son víctimas del estado colombiano y se han desplazado a las islas en busca de un mejor futuro o de seguridad que se les niega en el continente.

El incentivo histórico de la migración para calmar preocupaciones de soberanía nacional (una forma de manejo poblacional que ahora no se deja manejar) ha generado problemas para todos. Pero las relaciones con la nación nunca han sido consecuentes y solidarias con la realidad isleña. Tampoco ha habido una articulación entre el interés nacional y el desarrollo isleño. Es tiempo de una correlación entre soberanía y responsabilidad nacional.

Hay dos elementos adicionales que obligan a pensar en una mayor intervención nacional. El Departamento no está generando suficientes recursos propios para atender sus complejos problemas y no dispone de una capacidad institucional adecuada. Por eso los ejes centrales de las elecciones son los mismos de hace 4, 8 y 12 y más años, que han convertido a las islas en una cleptocracia y en una ‘Banana Republic’. No recordamos el momento en que no hubo una crisis y el electorado isleño sigue perdido en su preocupación bajo la sombra del pasado.

Controles y pilares necesarios

Por ello para poder hacer cualquier cosa el nuevo Gobernador no tendrá opción distinta a buscar comprometer más al gobierno nacional en las islas y así de paso poner reverso a la orfandad que ya percibimos por el fin de las comparecencias en La Haya.

Pero es indispensable que adopte talanqueras contra la irregularidad e instale estructuras organizacionales para garantizar que todo termine favoreciendo a las islas y a los isleños.

Primero es imperativo un plan de cultura ciudadana. Lo segundo es asegurar un mayor compromiso de todos los isleños, los políticos y los gremios con las islas. Tercero es asegurar una mayor articulación y coordinación con instituciones nacionales. Cuarto es la optimización y control al gasto, orientándolo hacia la satisfacción de necesidades básicas de todos, sin desconocer la existencia de una etnia y sin perjuicio de acciones afirmativas a su favor.

En consecuencia, lo quinto es adoptar un nuevo enfoque y manejo de la inversión pública para que quede orientada a las necesidades y haya una proporcionalidad frente a las diferentes comunidades, sin perjuicio de lo necesario en relación a políticas e inversiones en asuntos étnicos raizales.

Esto último es necesario por cuestiones de igualdad y derechos humanos, como también para evitar correr el riesgo de que la preferencia en el gasto público y el énfasis en políticas étnicas raizales terminen dividiendo a las islas a lo largo de líneas étnicas, como también para evitar la erosión del apoyo de todos los isleños a la reivindicación raizal. Porque preocupa que ya haya una expresión política que en estas elecciones cuestionó la proporcionalidad favorable a lo raizal.

Desde luego que todo dependerá del nivel de compromiso y de corrupción. Aún preocupa la correlación entre el voto y la irregularidad que nos ha impedido deshacernos de una paradoja: si bien la irregularidad disuade votar por unos, al mismo tiempo estimula votar por otros por estrategias electorales que usan y por un enjambre de compromisos y alianzas que generan dinámicas que conducen a incurrir en prácticas corruptas que terminan formando una base imperfecta para cualquier gobierno.

Ello hace difícil reconciliar el mundo distópico de la política local con las necesidades. Pero el significado de las elecciones no puede de nuevo perderse en la vía de la indiferencia y los años de sufrimiento deben servir de algo; deben ser un crisol del que nace una nueva esperanza. No debemos perder la perspectiva de cambio, como tampoco dejarnos llevar por un excesivo optimismo o por un exagerado pesimismo.

Última actualización ( Sábado, 28 de Octubre de 2023 16:31 )  

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