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Jesús origen, guía y meta del universo

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SANABRIA.OBISPORecordemos que los creyentes formamos una comunidad de fe que tiene como centro a Jesús Eucaristía, por eso, cada domingo nos encontramos alrededor del altar para celebrar el misterio de nuestra fe y encontrar fuerzas para afianzar nuestro compromiso de ser iglesia misionera. La celebración eucarística dominical es un momento sublime y vital para nosotros.

En este domingo XXI del tiempo ordinario nos chocamos con una pregunta fundamental, la más importante para nuestra fe; “ustedes, ¿quién dicen que soy yo?” (Mt 16, 15). Hay doy maneras de responder; una es desde fuera, desde lo que los demás dicen. “Unos dicen que es Juan Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas”. La otra es desde dentro, desde la experiencia que cada uno tenemos con Cristo; para San Pablo, “Jesús es el origen, guía y meta del universo” (Rom 11, 36).

Para entender mejor, escuchemos este diálogo entre un recién convertido a Cristo y un amigo no creyente.
- ¿De modo que te has convertido a Cristo?
- Sí.
- Entonces sabrás mucho sobre él. Dime: ¿en qué país nació?
- No lo sé.
- ¿A qué edad murió?
- Tampoco lo sé.
- ¿Sabrás al menos cuántos sermones pronunció?
- Pues no ... No lo sé.
- La verdad es que sabes muy poco, para ser un hombre que afirma haberse convertido a Cristo ... ".
- Tienes toda la razón. Y yo mismo estoy avergonzado de lo poco que sé acerca de él. Pero sí que sé algo: Hace tres años yo era un borracho. Estaba cargado de deudas. Mi familia se deshacía en pedazos. Mi mujer y mis hijos temían como un nublado mi vuelta a casa cada noche. Pero ahora he dejado la bebida; no tenemos deudas; nuestro hogar es un hogar feliz; mis hijos esperan ansiosamente mi vuelta a casa cada noche. Todo esto es lo que ha hecho Cristo por mí. ¡Y esto es lo que sé de Cristo!"

Este hombre responde hermosamente desde lo que él ha experimentado de Jesús en su vida. Eso muestran las lecturas de hoy. Ante la pregunta, ustedes, ¿quién dicen que soy yo? San Pedro y san Pablo responden desde dentro. Son dos credos que se funden en uno solo; por un lado, el credo de Pedro hace esta bella afirmación: “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo”; y, por otro lado, el credo de san Pablo, proclama: “Él es el origen, guía y meta del universo. A él la gloria por los siglos. Amén”. Tomemos como base esta afirmación de san Pablo y profundicemos esos tres aspectos.

Primero, Jesús es el origen de la fe. La fe es fruto de la acción de Dios. Jesús lo dice claramente: «¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el cielo (Mt 16, 17). La fe no es fruto del esfuerzo humano, ni de su razón, sino que es un don de Dios. Dice el papa Benedicto: “La fe tiene su origen en la iniciativa de Dios, que nos desvela su intimidad y nos invita a participar de su misma vida divina”.

Segundo, Jesús es el guía de nuestra fe; No basta conocer algunos datos de Jesús; es indispensable establecer una relación personal con él. La fe supone una relación personal con él, más aún, la adhesión de toda la persona, es decir, de su inteligencia, de su voluntad y de sus sentimientos. Tenemos que llegar a caminar con Jesús, a ser compañeros de viaje.

San Pablo, cuando descubrió a Jesús exclamó con asombro: “¡Qué abismo de generosidad, de sabiduría y de conocimiento, el de Dios! ¡Qué insondables sus decisiones y qué irrastreables sus caminos! ¿Quién conoció la mente del Señor? ¿Quién fue su consejero? ¿Quién le ha dado primero, para que él le devuelva?” (Rom 11, 33, 35). En cada acontecimiento de la vida Dios nos va acompañando y mostrando su amor.

Dios guía el camino de Eliacim, a quien le dice: “le vestiré tu túnica, le ceñiré tu banda, le daré tus poderes… Colgaré de su hombro la llave del palacio de David: lo que él abra nadie lo cerrará, lo que él cierre nadie lo abrirá. Lo hincaré como un clavo en sitio firme, dará un trono glorioso a la casa paterna” (Is 22, 20 – 23). Dios va guiando nuestro camino de fe.

Tercero, Jesús es el punto de llegada, la meta de nuestra fe. Al igual que el hombre de la historia que se convirtió al Señor, no como un solitario vencedor, sino que recobró junto con su familia, la alegría; así, el creyente que pone a Cristo en el centro de su vida, comienza a caminar con él y con todos los que creen en él, es decir, con la Iglesia. La fe reclama a la Iglesia. Cuando Jesús comprueba la fe de Pedro, ahí mismo lo declara roca sobre la cual construirá su Iglesia. La fe es caminar con Cristo en comunión con la Iglesia. No se puede seguir a Cristo como llaneros solitarios, se requiere apoyarse en la fe de los hermanos, y ser apoyo de la fe de ellos.

Cuando Cristo es el centro de la Iglesia que comienza en la familia se notará el cambio; dejaremos de ser violentos y construiremos relaciones más pacíficas; dejaremos de ser injustos y lucharemos por la equidad; dejaremos de ser enemigos que se agraden para ser hermanos que se aman, dejaremos de ser corruptos que se embolsan lo que es de todos, para poner lo nuestro al servicio de todos. Hagamos de Jesús el origen, guía y meta del universo.

 

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