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Duelo en la infancia

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Tatiana.Howard.Regifo¿Cómo las niñas y niños viven el duelo? Enfrentarse a la muerte de un ser querido, al divorcio de los padres, el cambio de colegio, curso de una enfermedad o tratamiento conlleva a vivencias de duelos.

Lidiar con la muerte de un familiar o ser querido en la infancia y adolescencia con los recursos que se disponen. Los padres o cuidadores pueden quedar sumergidos en un abismo que arrastra consigo a niñas y niños pequeños. Niños en etapa de lactancia encuentran un rostro vacío. No encuentran al otro fallecido, ni al que sigue con vida. Los familiares cercanos son claves porque llegan a sostener con su presencia, es decir, a donar arrullos, cuidados, juegos con el cuerpo.

Los duelos sostenidos y cuidados posibilitan que los niños puedan reorganizarse en sus tiempos a la pérdida. Un duelo no cuidado los enfrenta a la depresión, ansiedad, problemas de conducta, en último a la patologización del malestar.

Uno de los momentos a los que se enfrenta una persona en duelo es a la evaluación de la realidad. Reconocer que el otro no volverá a estar. ¡Es cierto que ha fallecido! Los niños también hacen una evaluación de la realidad que se rige por el tiempo infantil, que es distinto al tiempo de los adultos. La omnipotencia infantil es otro factor a considerar. En el caso del divorcio un niño o niña puede pensar que logrará que sus padres vuelvan a estar juntos, o que el familiar fallecido regresará, si él hace o deja de hacer alguna cosa.

Los niños entienden que la familia está atravesando un duelo. Ven a su cuidador llorar, participan de los rituales funerarios. Uno de los espacios de sostén es la novena o nueve noches. En este tiempo la familia es acompañada.

Por otro lado, es importante poder responder las preguntas que hacen los niños frente a la muerte de forma sincera y dejando de lado el lenguaje complejo o el silencio. Ante los eventos de dolor algunos padres pueden tomar la decisión de cambiar a los niños de colegio, o mudarse a otra casa. Con ello se deja al niño o niña colgando de un hilo, es cortarle los hilos de sostén.

La vivencia de un duelo depende mucho del encuentro comunitario y familiar. En el caso específico de los niños, niñas y adolescentes. No dejar el otro a la deriva cuando se puede apoyar a una madre en el cuidado de los hijos, en el acompañamiento con las tareas, es prestar el cuerpo para estar con ellos.

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Este artículo obedece a la opinión del columnista. EL ISLEÑO no responde por los puntos de vista que allí se expresan.

 

 

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