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Dios está reinando entre nosotros

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SANABRIA.OBISPOEste domingo, la Palabra de Dios nos ofrece un mensaje muy profundo y esperanzador; Dios está presente entre nosotros y sigue actuando, su palabra sigue resonando en muchos corazones de personas que están a nuestro lado. El reinado de Dios no está en la lejanía, sino que hace parte de nuestra cotidianidad y acontece ya, está aquí.

Esto es supremamente consolador, más cuando hay un ambiente desesperanzador y con frecuencia decimos que este mundo está conducido por los poderes del mal.

Dejémonos iluminar por el Señor Jesucristo que nos ofrece para nuestra meditación, tres parábolas de las que entresacamos tres elementos formidables para nuestra espiritualidad. La verdadera espiritualidad cristiana es una obra de arte, y tenemos que aprender algunas habilidades artísticas para poder contribuir efectivamente en la construcción del reino de Dios en medio de este mundo que se presenta hostil a su presencia.

La primera habilidad artística consiste en saber esperar y nos la propone la parábola del trigo y la cizaña. Cuando al lado del trigo aparece la cizaña, los obreros proponen arrancar la cizaña, a lo que el Dueño responde: “dejen que crezcan juntos hasta la cosecha” (Mt 13 30). El punto decisivo de esta parábola es la espera, la no intervención, el frenar la tentación de arrancar la cizaña antes de tiempo. La cizaña tiene que poder crecer junto con el trigo. No se le puede eliminar en ese tiempo intermedio sin destruir al mismo tiempo la buena semilla.

Esta tentación está muy metida entre quienes estamos cerca de la Iglesia y comprometidos en diversos campos de la evangelización, de creernos puritanos, sin mancha de pecado, y con derecho a expulsar a los pecadores, o de imponerles penas graves. Tenemos que aprender de Jesús a construir comunidad, desde la acogida fraterna, como hizo él su comunidad, conformada por despreciados, marginados sociales y pecadores. En la comunidad de Jesús prevalece la acogida y no la segregación. Jesús fue atacado por su apertura frente a personas que llevaban una existencia marginal o que habían incurrido en culpa.

Ojalá adquiramos la habilidad artística de esperar. En el presente, en esta hora, no puede hacerse todavía la separación entre santos y pecadores de forma limpia e inequívoca. Se requiere abogar en favor de la espera y de la paciencia; tenemos que vivir en la tensión entre el ya y el todavía no, la tensión entre el juicio y la misericordia. Recordemos que Dios está entre nosotros, lo dice el libro de la sabiduría: “Con todo esto has enseñado a tu pueblo que el justo debe ser humano, y has llenado a tus hijos de una dulce esperanza, ya que al pecador le das tiempo para que se arrepienta” (Sab 12, 19).

La segunda habilidad es el arte de la confiar en los procesos, es decir, de ir dando cada vez el paso correspondiente sin atropellar los tiempos. Esta habilidad nos la presenta Jesús con la parábola de la semilla de mostaza. El reinado de Dios es un proceso, no aparece de la noche a la mañana, en el cual, de una semilla de mostaza del tamaño de la cabeza de un alfiler, crece un gran arbusto (Cfr Mt 13, 31 – 32).

El reinado de Dios es fruto de un dinamismo interno fruto de la predicación de la palabra y de la vivencia de la fe. El reinado de Dios es todavía pequeño, inapreciable, fácil de pasar por alto, aparentemente ineficaz. Pero se despliega, crece, se ensancha, se hace cada vez más fuerte y los pájaros del cielo anidan a su sombra, es decir, donde el pueblo de Dios se puede cobijar bajo su sombra, y se va constituyendo una nueva sociedad universal.

El dinamismo interno del Reinado de Dios es fruto de la presencia del Espíritu Santo, como bien lo dice san Pablo: “el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad, porque nosotros no sabemos pedir lo que nos conviene; pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos que no pueden expresarse con palabras” (Rom 8, 26)

La tercera habilidad es el arte del optimismo, y nos lo presenta con la parábola de la levadura, donde una poca cantidad de levadura es capaz de fermentar una gran cantidad de masa (Cfr Mt 13, 33). Por poca e insignificante que sea la cantidad de levadura en la gran cantidad de harina, será la materia prima que transforme el mundo y le confiera sabor. El reinado de Dios hace el mundo una casa común, restaura la creación y la lleva a toda su plenitud y suculencia.

Pidamos al Señor que nos ayude a cultivar estas habilidades espirituales de saber esperar, de confiar en los procesos y de mantener vivo el optimismo; fueron habilidades que supo adquirir María Santísima. Y de esta manera contribuimos a que el Reinado de Dios se haga más visible entre nosotros.

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Este artículo obedece a la opinión del columnista. EL ISLEÑO no responde por los puntos de vista que allí se expresan.

 

 

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