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La vital presencia isleña en los diálogos con Managua y Bogotá

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HAROL.BUSH2La euforia patriótica estuvo mezclada con nuestra persistente preocupación por las islas y por las expectativas del posible inicio del fin del diferendo de más de 40 años con Nicaragua. Lo primero que hay que resaltar de la visita del Presidente Petro es la aceptación al llamado al diálogo que hizo Daniel Ortega y el giro de la confrontación legal hacia una negociación que, por muy bienvenida que sea, genera cierta preocupación.

Visto por la Presidencia como un estímulo para dialogar y fórmula para suavizar las preocupaciones nacionales y raizales por la significativa pérdida de aguas de 2012; recuperar derechos raizales de pesca artesanal y de subsistencia en áreas perdidas podría ser, sin embargo, un arma de doble filo.

Porque podría implicar ceder derechos de pesca en zonas ricas y tradicionales en nuestros cayos a cambio de adquirirlos en zonas cerca del Meridiano 82 sobreexplotadas y menos tradicionales para la pesca artesanal raizal si Nicaragua insiste en la reciprocidad.

Ello hace aún más urgente y necesario el diálogo y la concertación de los isleños con la Cancillería y otras instituciones nacionales y también con Nicaragua. Debemos asegurarnos de que nos escuchen y luego permanecer atentos para prevenir improvisaciones con el fin de lograr que nuestros intereses se vean bien representados y defendidos.

Solo así se evitará que el diálogo se convierta en otro imán de descontento, que la prioridad nacional no defina las metas y que haya una revisión de las circunstancias reales con predicción favorable para las islas de las consecuencias.

Lo segundo es la intención presidencial de darle más fortaleza a la diplomacia étnica raizal en el proceso del diálogo, algo que no debe convertirse en un mecanismo de coacción y aplacamiento sino más bien un medio para la defensa férrea de nuestros intereses.
Y lo tercero, son las cosas que no mencionó el Presidente pero que nos preocupan. Su discurso fue un memorial de agravios pero no la esperada hoja de ruta de las islas hacia el futuro.

Queremos saber lo que se piensa hacer por las islas. Intuimos algo por declaraciones dadas después del reciente fallo cuando el presidente dijo que se esperaba “cerrar la controversia limítrofe y abocarnos a llevar desarrollo sostenible al archipiélago”.

Aunque no deja de ser esperanzadora, la visita dejó una sensación agridulce y un vacío colmado de expectativas. Porque más allá del simbolismo patriótico y la posible relajación de las tensiones con Nicaragua, los problemas de las islas distan mucho de ser resueltos y dependemos de las instituciones nacionales para rescatarlas.

Más claridad con Nicaragua

Tampoco hay claridad en relación a lo más importante de la visita, el diálogo con Nicaragua. La principal intención de Ortega es que Colombia cumpla con el fallo de 2012 y él ha dicho que ya controla lo ganado en 2012, algo que no ha desmentido el gobierno nacional.

De ser cierta esa afirmación, Colombia podría partir desde una posición muy desventajosa y débil y Nicaragua tendría en ‘upper hand’, lo cual perjudicaría aún más los intereses raizales e isleños.

Se echarían por la borda las ventajas en una posible negociación otorgada por el reciente y único fallo que no vino con una pérdida para Colombia, una victoria relativa según el propio Presidente, quien así busca facilitar el diálogo bajándole el tono al espíritu triunfalista que desató este logro en La Haya que, por cierto, no modifica en nada lo perdido en 2012.

En cuanto a los derechos de pesca se podría estar, además, negociando algo delicado para las islas. Es importante poner ello en su contexto real e histórico y valga recordar que Colombia no logró demostrar ante los jueces de La Haya que en esas áreas perdidas se ejercía una significativa pesca artesanal.

Lo principal, en palabras de nuestro Canciller, es ‘perfeccionar’ el fallo de 2012 para ajustar los límites o crear áreas de manejo común (similar al que tenemos con Jamaica) para recuperar de alguna forma, aunque sea simbólica con efectos prácticos, la continuidad e integridad territorial del archipiélago que se perdió en 2012.

Esto haría más fácil el acceso de pescadores raizales a nuestros cuatro cayos del norte, ricos en pesca, que quedaron separados del archipiélago por aguas nicaragüenses y donde históricamente han pescado más que en las zonas perdidas. Debe también Colombia concentrarse en consolidar un mecanismo de protección de la reserva Seaflower que ahora compartimos con Nicaragua.

El énfasis del diálogo debería ser el beneficio de las islas, que deben jugar un papel fundamental en toda mesa de negociación. Pero antes de ello el gobierno y las instituciones nacionales deben dialogar y concertarse con las islas para asegurar que nuestros intereses se respeten, y luego permitir que las islas dialoguen también con Nicaragua. La soberanía no es sólo con desfiles: es también con desarrollo sostenible, diálogo y protección de lo nuestro.

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Este artículo obedece a la opinión del columnista. EL ISLEÑO no responde por los puntos de vista que allí se expresan.

 

Última actualización ( Domingo, 23 de Julio de 2023 03:47 )  

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