Home Opinión Columnas Réquiem para un escritor: Fronteras de plomo
  • Increase font size
  • Default font size
  • Decrease font size
Search

elisleño.com - El diario de San Andrés y Providencia.

JA slide show
 

banner_Welcomw6622.jpg

Réquiem para un escritor: Fronteras de plomo

Correo Imprimir PDF

MARIA.MATILDE.RODRIGUEZ.2023.jpeg

Se dijo que una calle debería llevar su nombre. De inmediato pensé en nuestras vías. En esas heridas que supuran excrementos en cada una de ellas. No quiero que algo así tenga su nombre. La justicia para un escritor es que sus libros sean publicados, leídos, releídos, comprendidos y puestos en circulación. Lo otro son formas burocráticas que aminoran al artista.

Los gobernantes del archipiélago, salvo en contadas excepciones, han mostrado un monumental desinterés por las letras. Llegando incluso a ignorarlas dentro de las escasas políticas públicas que aplican. A veces me pregunto ¿qué leen? Y si leen, ¿comprenden? Porque de ser así los escritores no pasarían tantas penurias para sobrevivir y permanecer.

Lo digo desde la experiencia de dirigir la Filsai, la Feria Insular del Libro de San Andrés, que no es otra cosa que la desembocadura de varios procesos literarios realizados desde la sociedad civil, que incluyen formación lectora, intercambio con escritores de otras partes del mundo, oralitura, escritura, edición y publicación. Para hacerlo, es necesaria una incesante gestión, pues nuestro anhelo es la creación de una biblioteca básica de los autores de las islas.

Tenemos una colección que hasta la fecha ha logrado publicar la obra de nueve escritores. A diferencia de otros lugares de Colombia, nuestra feria va desde organizar su propia muestra editorial, circularla por todo el país para luego convencer a nuestros gobernantes que debemos continuar. Este año, por ejemplo, no se llevará a cabo. Resulta paradójico que frente a la eliminación de las fronteras estemos levantando paredes de plomo que nos separan de la mejor versión de nosotros mismos.

Pienso en Adel. Reíamos como niños cuando tuvimos entre las manos la segunda edición de El último cocotero, y fuimos invitados a presentarlo en la Filbo, la Feria Internacional del Libro de Bogotá. Su libro de cuentos que, al mejor estilo de los cuadros primitivistas, busca la expresión y la verdad por encima de otras consideraciones estéticas. En ese libro, las imágenes coloquiales, la risa, y una evidente nostalgia por el pasado se convertían en esquelas de su propia vida. Se consideraba a sí mismo “un hombre creole”.

—El último— me dijo un día.

Su entierro fue ayer. A la Iglesia Hispana no le cabía un alma. Su muerte nos convocó a todos sin distinción de credos, razas y estigmas. El pueblo creole, incluidos quienes alguna vez lo criticaron, reveló a plenitud toda su grandeza espiritual. Se mostró creativo, generoso y solidario.

Los recuerdos se tejieron con canciones y dedicatorias. Los poemas surgieron con naturalidad en la voz de cada deudo. Era el tributo acordado. Las palabras son la heredad y las flores de su panteón.

Tengo la intuición que una isla de recuerdos murió con él.

-------------------

Este artículo obedece a la opinión del columnista. EL ISLEÑO no responde por los puntos de vista que allí se expresan

Última actualización ( Viernes, 21 de Julio de 2023 08:35 )  

Welcome Caribe

Welcome_213_-_1.jpg

elisleno_205_-_1.jpg

BANNER.jpg

Indicadores Economicos

Translate this page

Síganos en Facebook

Descarga Firefox


CASABLANCA.CUADRADO

RM____EL_ISLEÑO.png

Banner_skechers.jpg

DoIt.jpg

TRASH_BUSTERS.jpg

SOPESA.BANNER.NUEVO01.jpeg

GESA NIFF02