Nos han engañado. A todas nos han hecho crecer con modelos inalcanzables e irreales de mujeres sumisas, triunfantes por gracia de su belleza y generalmente por su silencio.
Primero los cuentos de hadas, y luego las telenovelas nos hicieron creer en príncipes azules y palacios con torres. Hoy en una visión cínica y analítica presento ante ustedes lectores, y sobretodo lectoras, la caída de los mitos que me trajeron en libros los Hermanos Grimm.
Caperucita Roja: Una niña pequeña, hija de una madre indolente que ve con normalidad enviarla al bosque a conciencia de los peligros evidentes de tal desafío. Caperucita presenta entre otras cosas un lobo travesti, con gerontofilia (el mismo admite haberse comido a la abuela); un leñador monosilábico que, si bien defiende a la protagonista, no puede negar su visión anti ecológica y poco conciliadora; ella – la caperuza- además de ser una entrevistadora sosa y repetitiva no tiene alguna cualidad particular.
La bella durmiente: Condenada desde su bautizo, es una princesa sobreprotegida que en su primer trabajo ya empieza con incapacidades de amplia data, 100 años mayor que el príncipe que la desposa, a mas de dormir y dormir, no tiene ningún argumento de importancia y como la mayoría de las heroínas de los hermanos germanos, no aporta un discurso importante.
Blanca Nieves: La mas sospechosa en cuanto a su conducta, la convivencia con siete hombres simultáneamente, si bien la convierte en progresista, y aunque no se acaba de clarificar los términos de dicha relación, simplemente deja un velo sobre su comportamiento y en cuanto a su historia, esa mezcla común de inocencia y estupidez que se vincula sin una razón evidente con la belleza de la muchacha, termina por definirla como una mujer pasiva que espera a que le llegue el destino.
La cenicienta: La génesis de todas las telenovelas, es la única heroína de esta saga que parece realizar un trabajo de manera eficiente, se siembran dudas sobre su salud mental por las alucinaciones con ratones que se hacen caballos y calabazas que se trasforman en carrosas, evidentemente bajo la influencia de sustancias psicoactivas provistas por una mujer mayor que se hace llamar “hada madrina”, entiende muy bien que estos efectos desaparecen a la media noche, y la vuelta a su realidad menos mágica, deja como muchas mujeres en estado de embriaguez, un zapato en la fiesta.
El rey rana: Puede para algunos sonar desconocido el cuento bajo ese título, pero es el que habla de la princesa que besando al anfibio pretende darle las cualidades de un príncipe. Si. Claro, ¿quién no lo ha creído antes?, lo que sorprende es la rapidez con la que la bien educada princesa zoofílica cede ante los deseos del batracio.
Por otra parte las brujas, las villanas, las madrastras de los cuentos me parecen la reivindicación de las mujeres, son decididas, entusiastas, entendidas del poder y sus beneficios, generalmente se sobreponen a imágenes corporales distorsionadas y a estereotipos comunes, para hacerse a la corona y ejecutar sus propios planes de gobierno, diferente a las protagonistas, no se quedan en segundos planos.
Es sabido que fueron llamadas brujas muchas mujeres que buscaron en la alquimia la respuesta a las preguntas que planteaba la naturaleza; también a mujeres desafiantes de dogmas sociales que las degradaban a muebles bellos y funcionales. Son todas las brujas de los cuentos las verdaderas heroínas, ¿Cuando una bruja pidió ser rescatada - auxiliada?, ¿Cuando demandó la atención de un príncipe para justificar su existencia?
Los príncipes “azules”, poco y nada interesados en aquello que su amada tiene para decir, aparte de lidiar con familias disfuncionales, luchan contra enemigos enormes para desposar a una mujer con la que generalmente no ha mantenido una relación mayor a 24 horas, y se pone a uno a pensar si el heredero hizo esto por cada una de sus novias, y si así fue, quien aseguraba el futuro del reino con un gobernante tan impulsivo y dramático.
Me pongo en el lugar de un sencillo aldeano, dejado a su destino, víctima de mandatarios tan involucrados en su vida personal, se entiende entonces el fin de la monarquía como forma de gobierno y su permanencia como método de entretención.
Nos han engañado, prometieron futuros simples, toques mágicos y poco trabajo, nos han engañado: gracias a Dios.





















